Quien avisa no es traidor: Hacer caca en la calle está prohibido

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Hacer caca en la calle

Barcelona ha pasado por mucho en su historia. Ha visto demasiadas cosas, y ponemos la mano en el fuego que algunas no muy agradables. Hoy vamos a hablar de una de ellas. Un manía un tanto… escatológica. Se trata de la aparente costumbre que tenían muchos barceloneses de hacer sus necesidades mayores en plena calle.

Pero… ¿Por qué decimos aparente? Como no podemos coger una máquina del tiempo (todavía, calma amantes de la ciencia ficción que todo llega) lo único que nos quedan son los documentos, textos, dibujos y cualquier tipo de material de la época. En Barcelona sobreviven hoy algunos bastante explícitos. Nos referimos a esos carteles que prohibían explícitamente hacer caca en las vías públicas. Bueno, y tirar escombros. La cuestión era no ensuciar.

Hacer caca en la calle
Fuente: vestigiosdebcn.wordpress.com

Sí, en el argot de la época “ensuciarse” significaba “no hacer aguas mayores”, “no descomer” o “no hacer de vientre”, por tirar de una pequeña lista de eufemismos.

Carteles como este estaban por toda Barcelona. Junto a los de escupir en el interior del transporte público o los que prohibían usar la palabra soez, los que avisaban de la ilegalidad de ensuciarse estaban a la orden del día.

De hecho, todavía podemos ver estos carteles en sitios como los Porxos Fonsteré. En dos de las esquinas de estos porches podemos ver que aquellos que osaran aliviarse en esta zona se arriesgaban a una multa de 5 pesetas, una pequeña fortuna en la época. Hay otro similar en la fachada de la iglesia de la Concepció, en la calle Aragó. Aquí lo que se prohíbe no es solo ensuciarse, sino también tirar escombros como decíamos antes. Todo por no ensuciar.

El paso de los años puede haber borrado una y mil respuestas ingeniosas a estos carteles, como el que Quevedo dejó en su día en la calle de Madrid donde solía orinar. Ahí apareció una cruz, debajo de la cual supuestamente no se debía hacer eso, junto con el mensaje “donde se ponen cruces no se orina”. Ni corto ni perezoso, el escritor respondió al mensaje con un “donde se orina no se ponen cruces”. Al igual que él, imaginamos que también habría cierta… resistencia metafórica en nuestra ciudad ante tal ofensa.

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