Can Ginebreda, el bosque que está lleno de esculturas eróticas

Si eres de los que se escandaliza por la forma fálica de la Torre Agbar, mejor no vengas a este bosque.

Antes de nada: sí, estamos hablando de un sitio de Girona y la página se llama Barcelona Secreta; no, no se nos han acabado los secretos en Barcelona. Lo que pasa es que hay cosas –cosas– (véase el Parc d’en Garrell o la otra y Secreta Sagrada Familia) que no importa que no estén en Barcelona. Su relativa cercanía ya es suficiente óbice para hablar de ellas.

Aclarado esto, aquí van unas palabras del periodista castellonense Enrique Ballester: “Donald Trump tenía un sueño: ser presidente de los Estados Unidos de América. David Bustamante tenía un sueño: dedicarse a la canción latina o ligera. Antonio Esteva tenía un sueño: narrar partidos de futbol en horario de máxima audiencia. Trump, Bustamante y Esteva tenían un sueño y fueron a por él, y convendremos en que el mundo sería ahora un lugar mejor si hubieran abandonado sus pretensiones a tiempo”.

¿Por qué esta cita? Porque Can Ginebreda constituye una excepción a un mantra –si tienes un sueño, persíguelo– tan extendido como repulsivo. Creo que la excepción, más que lógica, se produce en x circunstancias. Como por ejemplo que el sueño haga del mundo un lugar mejor o que sea un sueño excéntrico como el de Julita Salmerón en Muchos hijos, un mono y un castillo. Con Can Ginebreda, pienso, pasan ambas cosas.

Xicu Cabanyes, autor del bosque, creció en el campo y todo apuntaba a que en el campo iba a seguir viviendo. Pero mostró una destreza con el cuchillo y con la madera que estaba fuera de toda duda. Entró en una fábrica de muebles y a partir de ahí el resto es historia. Empezó a jugar con elementos y a distinguirse de sus coetáneos haciendo obras sin parangón: Cabanyes ya provocaba con sus esculturas eróticas durante el franquismo.

El caso es que a Cabanyes se le fueron acumulando las esculturas y este overbooking escultórico cristalizaría en su gran sueño: tener un bosque. Cabanyes compró un maldito bosque –que no un bosque maldito– y fue colocando en él sus esculturas. Y desde entonces, cada cinco meses incorpora una. Y todo bajo una lógica. Su obra se clasifica así: cruces, caminos de agua, triunfo del morbo, los artistas invitados, geomtria viva, juegos de amor y muerte, ligamentos, monumentos, plástica integrada, pliegos, venus rotundas, volúmenes portátiles.

De hormigón, de piedra, de hierro, de objetos reciclados o de lo que sean. Más de medio centenar de esculturas se adaptan y se camuflan realmente bien a lo largo de los 40 mil metros cuadrados que ocupa el busque.

Desnudos, formas fálicas, nalgas, caras o cruces conviven en la naturaleza. Y todas ellas representan el legado de Xicu Cabanyes, un legado incuestionable y prácticamente imperecedero.

Precio: 4€, solo se aceptan monedas de 1€

Dirección: Carr. de Mieres, km 25.5, 17834 Porqueres, Girona

Horario: De 9h a 18h todo el año, salvo en verano, que abre hasta las 21h

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