De rodillas en el suelo y rezando ante el licor de una especie de «chamán del rock». Así es el peculiar ritual que desde hace siete años se realiza en Celler Panotxa, un bar del Clot que ha transformado la costumbre de ir a tomar el vermut en una experiencia rockera de lo más inmersiva.
Un museo rockero con tiradores de dos metros
El local estéticamente es un auténtico santuario para los amantes del género. Entre su variopinta decoración encontramos reliquias tan distintas como cascos auténticos de los bomberos de Barcelona, discos de grupos míticos como los Mojinos Escozíos o botellas de vino únicas tanto por su aspecto como por su exclusividad.
Además, el suelo está decorado con imágenes de grupos y conciertos históricos, por lo que caminas sobre auténticas leyendas de la música. La carta está diseñada como si fuera una lápida y el tirador de cerveza es una espectacular guitarra eléctrica de dos metros de altura.
Sobrasada XXL y molletes de pringá
La propuesta gastronómica es igual de excesiva que la decoración. Se preparan enormes torradas de 40 centímetros de largo, como la versión cubierta de sobrasada que sale a 20 euros por unidad. En su barra se concentran tanto propuestas clásicas como bocados más difíciles de encontrar en otros locales de la ciudad, como los tradicionales molletes rellenos de pringá.
El repertorio de opciones para compartir se completa con una variedad muy amplia de platos contundentes y tapas originales o más clásicas. Sirven las tradicionales patatas de Olot, rellenas de carne y acompañadas con salsa brava, además de raciones de cecina, navajas y sardinas ahumadas sobre pan tostado con huevas.
En definitiva, un espacio donde la buena gastronomía, la música rock, una decoración cuanto menos excéntrica y un «buenrollismo» especial se juntan para que cada visita sea única y divertida.