La mayoría de los catalanes saben que el primer tren de la historia del país conectaba Barcelona con Mataró, un grupo más reducido recordará que se inauguró en 1848, pero muy pocos son conocedores de que la idea fue de Miquel Biada i Bunyol, un marinero y comerciante que apostó 10.000 pesos a que construiría un tren que conectara su ciudad natal con la capital catalana. El resto es historia: el 28 de octubre de 1848 el tren llevó a 400 pasajeros desde Barcelona a Mataró.
La biografía de Miquel Biada está llena de aventuras, polémicas y viajes. Nacido en Mataró en 1789 y de origen francés, se formó como marinero en la costa catalana y embarcó hacia Venezuela para dedicarse al comercio. Con 21 años ya era un conocido distribuidor de mercancías en Maracaibo, gestionando las importaciones llegadas desde la Península Ibérica.
Una historia de altibajos en Hispanoamérica
Durante la Guerra de Independencia hispanoamericana luchó como capitán defendiendo la Corona española. Pero tras la derrota fue fuertemente multado y expulsado del país, por lo que volvió a su Catalunya natal en busca de nuevas oportunidades.
Sin embargo, poco después de su vuelta a Europa y ser testigo de la inestabilidad política y económica del país, decidió poner rumbo de vuelta a América, aunque esta vez fue Cuba, aún colonia española, su destino. Allí volvió a ejercer como mercante marítimo, pero pronto expandiría sus inversiones hacia el comercio de tabaco y azúcar, convirtiéndose en un firme defensor de la esclavitud (uno de los aspectos más polémicos de su vida).
En 1837 formó parte del grupo de inversores del ferrocarril entre La Habana y Bejucal, el primer tren de Latinoamérica. La efectividad de este medio le impresionó tanto que fue entonces cuando apostó 10.000 pesos a que, cuando regresara a Catalunya, construiría una red ferroviaria en 4 años y viajaría en ella.
Vuelta a Catalunya y desarrollo del tren

No llegó a viajar en él ni cumplió los plazos, pero sí consiguió impulsar dicha red. En 1840 desembarcó en Barcelona, pero no encontró apoyo por parte de las instituciones ni de los inversores. La incipiente situación industrial del país y las recientes guerras carlistas le alejaron de su objetivo.
Finalmente, consiguió apoyo de algunos inversores locales y otros británicos y, pese a las decenas de problemas burocráticos, impagos, revueltas sociales e incluso sabotajes y vandalismo contra la infraestructura, el proyecto salió adelante. Sin embargo, seis meses antes de la inauguración, Biada murió por una neumonía y nunca llegó a ver el tren en funcionamiento.
La llegada del ferrocarril a Barcelona marcó el inicio de la era industrial moderna en todo el país, revolucionando la economía, la movilidad y el desarrollo urbano de la región.