A veces no hace falta cruzar el charco para sentir que caminas por el Lejano Oeste. Hay rincones que, por una carambola de la geología o un capricho del destino, parecen haber sido arrancados de otro continente y trasplantados en mitad de la Península. Es el caso de la Rambla de Barrachina, un desfiladero de tierras rojizas que durante décadas fue el secreto mejor guardado de los locales y que, de repente, se ha convertido en el plató favorito de los grandes directores.
Lo que para los vecinos de la zona era el lugar de paseo habitual, para el resto del mundo es ahora el «Colorado español». Un paraje donde el óxido de hierro ha teñido las paredes de un rojo magnético que cambia de tono según cómo le pegue el sol. Es un escenario vivo y frágil: cada vez que llueve con fuerza, el agua esculpe nuevas grietas en la arcilla blanda, modificando el paisaje en directo como si fuera una escultura de barro infinita que nunca termina de secarse.
Un rodaje extremo entre raves y nominaciones

El gran culpable de que este rincón esté ahora en boca de todos es Oliver Laxe. Su última película, ‘Sirat‘, candidata española en la carrera hacia los Oscar tras su éxito en Cannes, eligió la Rambla de Barrachina no solo como decorado, sino como una pieza clave de su narrativa. Para recrear una rave auténtica en mitad del desierto, el equipo no tiró de efectos digitales; montaron una fiesta real con más de mil personas, música atronadora y un sonido que rebotaba en las paredes de arcilla.

Pero si la película de Laxe puso la semilla, el golpe definitivo de glamur lo dio Johnny Depp. El actor aterrizó en la provincia para rodar el nuevo spot de Dior, transformando la rambla en el escenario de una producción de lujo que desplegó a más de cien profesionales en la zona. Lo más curioso del rodaje no fue ver al protagonista de ‘Piratas del Caribe’ entre los barrancos turolenses, sino la presencia de un puma real que reforzaba esa estética salvaje que la marca buscaba para su fragancia.
Para quienes se animen a emular a las estrellas y visitar este paraje, hay un par de cosas a tener en cuenta. La ruta principal, que suele partir desde los alrededores de Villaspesa, ofrece un recorrido circular de unos 12 kilómetros donde se puede subir hasta la Muela de Teruel para tener las mejores vistas. Eso sí, los locales son claros: aquí las sombras no existen. Si vas a ir, hazlo con agua de sobra y evita las horas centrales del día, porque el sol en este cañón aragonés no perdona a nadie, ni siquiera a los que vienen de Hollywood.
Cómo llegar desde Barcelona

Para llegar a la Rambla de Barrachina desde Barcelona, la opción más rápida y cómoda es el coche, en un trayecto de aproximadamente 4 horas (unos 430 km). Deberás tomar la AP-7 en dirección sur hasta las inmediaciones de Castellón, para luego enlazar con la A-23 (Autovía Mudéjar), que te llevará directamente hasta la salida de Teruel.
Una vez en la capital turolense, basta con seguir las indicaciones hacia el barrio de Villaspesa; desde allí, el acceso a las pistas de tierra que se internan en este «Colorado aragonés» está a escasos minutos, permitiéndote pasar de las Ramblas catalanas a los desfiladeros rojos de Hollywood en una sola mañana.