Este nuevo hotspot no es una sala de juegos cualquiera, es la materialización de la nostalgia de sus propios dueños.
Nostalgia de arcade y una solución para padres

Hablamos con Felipe, uno de los cuatro socios detrás del proyecto, y la motivación no podía ser más cercana. «Todos tenemos niños y nos encontrábamos con el problema de que no hay muchas cosas para ellos», nos cuenta. «Nosotros crecimos con las máquinas de arcade, teníamos esa nostalgia. Yo crecí cerca del cine Novedades, ¡ahí había una sala de arcade brutal!».
La idea era clara: crear un espacio donde los niños «no estén solo en casa con YouTube», sino que puedan socializar, moverse y, sobre todo, jugar con sus padres. Adiós a la brecha generacional; hola a las partidas de Air Hockey en familia.
¿Qué encontramos en este templo del neón?

Game Station ha dividido su enorme espacio (casi 1.000 m², que se dice pronto) en dos grandes zonas para contentar a todo el mundo.
Por un lado, la zona arcade pura y dura. Aquí conviven unas 50 máquinas arcade donde la variedad es la norma. La adrenalina se dispara con los simuladores de última generación: puedes ponerte al volante de coches de carreras, tumbar en las curvas con las motos o sentirte un auténtico Top Gun pilotando aviones. Justo al lado, te esperan 4 máquinas de Realidad Virtual (VR) para una inmersión total.
La cosa no acaba ahí. Tienes juegos de acción para descargar tensión, desde los que funcionan con pistolas de agua hasta los de aire comprimido. Y, por supuesto, están los clásicos de salón que nunca fallan: no faltan las pistas de mini-bolos, las canastas de baloncesto para picarte con los amigos, las imprescindibles mesas de air hockey (o discos) e incluso una curiosa máquina de surf. Para rematar, las clásicas máquinas de baile para mover el esqueleto y un montón de opciones multijugador pensadas para que juegue toda la familia junta.
Para los más peques (y para tranquilidad de los padres), el recinto incluye un «chiquipark» gigante de varias alturas con su indispensable piscina de bolas.
Tickets, premios y bebidas asiáticas

Evidentemente, no sería un arcade de verdad sin ese glorioso momento de canjear los fuchas. En Game Station, las máquinas entregan puntos que se acumulan en una tarjeta de socio (que además ofrece descuentos) y que se pueden cambiar en un mostrador de premios. Y ojo, que no solo hay chuches: tienen peluches, auriculares, teclados y hasta los codiciados muñecos coleccionables «Labubu».
Para recargar energías, el centro tiene una zona de bar que sirve café, snacks y una curiosa selección de pica-pica y bebidas asiáticas. Además, en la segunda planta, disponen de salas privadas para celebrar cumpleaños y eventos.
El acceso al espacio es libre, pero el chiqui park sí que tiene entradas en función de las horas utilizadas. En cambio, las máquinas arcade son de acceso libre, y funcionan con las fichas que se compren.