Las fiestas navideñas son sinónimo de reencuentros, de mesas interminables y, seamos sinceros, de compras de pánico de última hora. Por mucha planificación que hagamos, siempre falta una botella de cava, el pan para los aperitivos o ese ingrediente indispensable para que los canelones de Sant Esteve queden perfectos. Sin embargo, este año la tradicional y frenética carrera por los pasillos abarrotados de los comercios de alimentación podría toparse con un obstáculo mayúsculo. El ambiente festivo amenaza con chocar de frente con un escenario de persianas bajadas y reivindicaciones laborales, dejando a más de uno sin su avituallamiento para Nochebuena y Nochevieja.
Las fechas de los paros y las cadenas afectadas
La situación se ha tensado hasta el punto de que el sindicato UGT de Catalunya ha decidido mover ficha y convocar dos jornadas de huelga general en el sector de los supermercados y los autoservicios de alimentación.
Y no han elegido unas fechas cualquiera. Los paros están programados para los días 24 y 31 de diciembre, golpeando directamente en el corazón de la campaña de Navidad, justo cuando el volumen de ventas y la afluencia de clientes alcanzan sus picos máximos.
Esta convocatoria no afecta a cualquier tienda de barrio, sino a todas aquellas grandes y medianas superficies que se rigen por el convenio sectorial catalán. Esto significa que si sueles llenar la cesta de la compra en establecimientos como Bonpreu-Esclat, Condis, Sorli, BonÀrea, La Sirena, Aldi o SPAR, es muy probable que encuentres alteraciones significativas en el servicio durante la víspera de Navidad y la de Año Nuevo. La estrategia sindical busca aprovechar este momento de máxima necesidad de consumo para presionar a las patronales y desatascar unas negociaciones que, a día de hoy, se encuentran en un punto muerto absoluto.
El origen del conflicto y las exigencias de la plantilla
El malestar del sector no es algo que haya surgido de la noche a la mañana. Como antesala a las jornadas de huelga de finales de año, los trabajadores han organizado una concentración para el próximo 20 de octubre frente a la sede de Foment del Treball en Barcelona. El objetivo de esta protesta otoñal es exigir un cambio de actitud por parte de la patronal y alcanzar un acuerdo que no obligue a la plantilla a asumir más sacrificios en un contexto económico que ya aprieta bastante los bolsillos.
Las reclamaciones de los empleados son muy claras y se centran, fundamentalmente, en proteger su poder adquisitivo frente al constante encarecimiento del nivel de vida. UGT exige un incremento salarial del cuatro por ciento anual, acompañado de una cláusula de revisión que garantice que los sueldos no se queden atrás si la inflación vuelve a dispararse. Más allá del dinero, la batalla también se libra en el terreno de las condiciones de trabajo diarias. Los representantes sindicales reclaman una reducción efectiva de la jornada laboral, que se reconozca y se pague el hecho de que un trabajador tenga que hacer de todo en la tienda, y que se unifiquen las tablas salariales siempre por encima del salario mínimo interprofessional. Además, piden blindar las coberturas actuales cuando un empleado cae de baja por incapacidad temporal, evitando recortes en un derecho básico de la plantilla.