El cielo de Cataluña se prepara para una jornada astronómica inédita que no se repetirá en más de 150 años, ofreciendo además unas condiciones inmejorables para disfrutar de la lluvia de meteoros más famosa del verano.
El cielo estival tiene la costumbre de regalarnos veladas para el recuerdo, pero la del próximo 12 de agosto promete quedar grabada de forma muy especial en la retina de todos. Tras el esperado eclipse solar total que transformará la luz del día en Cataluña,el firmamento nos invitará a seguir mirando hacia arriba para recibir el punto álgido de las tradicionales Lágrimas de San Lorenzo, creando un doble cartel astronómico verdaderamente único.
Tanto los vecinos de Barcelona como los curiosos de todo el territorio tendrán este año unas circunstancias soñadas para observar las Perseidas. Gracias precisamente a la alineación entre la Tierra, la Luna y el Sol que provoca el eclipse diurno, gozaremos de una luna nueva absoluta; el satélite quedará por debajo del horizonte durante toda la noche, eliminando así el gran obstáculo de la luz lunar. Con la única preocupación de que las nubes respeten la cita, el escenario está listo para una de las observaciones más limpias que se recuerdan.
El secreto de un cielo sin luna
La gran noticia de este año para los cazadores de estrellas fugaces es la oscuridad. Habitualmente, cuando las Lágrimas de San Lorenzo coinciden con noches de luna llena o muy iluminadas, gran parte del espectáculo se pierde en el resplandor del cielo. Este 12 de agosto, al haber agotado su presencia durante el día para ocultar el sol, la luna nos dejará un lienzo negro inmejorable en el que se podrán llegar a avistar hasta 100 meteoros por hora.
Aunque las llamamos estrellas fugaces, las Perseidas son en realidad los pequeños restos de polvo y arena que va dejando a su paso el cometa 109P/Swift-Tuttle. Cuando nuestro planeta, en su viaje alrededor del sol, atraviesa la órbita de este cometa, esas minúsculas partículas chocan contra las capas de la atmósfera terrestre y se queman, dibujando esas brillantes estelas que rasgan la oscuridad. Aunque la lluvia lleva días activa y se alargará hasta el 24 de agosto, la gran explosión de actividad ocurrirá en la madrugada del 12 al 13 de agosto, justo como colofón al eclipse.
Hacia dónde mirar y cómo prepararse
Para disfrutar del momento no hace falta cargar con telescopios, ni prismáticos, ni mucho menos gafas de protección como las que requiere el eclipse solar. El mejor consejo es simplemente tumbarse en el suelo o llevar una buena esterilla para tener una vista panorámica y vertical de la bóveda celeste, sin forzar el cuello y sin perder detalle.
Para localizar los meteoros, hay que dirigir la mirada hacia el noreste, buscando la constelación de Perseo. Si sales a primera hora de la noche, tendrás que buscar cerca del horizonte. A medida que avance la madrugada, el punto de origen irá ganando altura en el cielo, hasta situarse casi sobre nuestras cabezas antes de que despunte el alba.
Refugios de oscuridad: escapando de las luces de Barcelona
Como siempre, la contaminación lumínica de Barcelona y su área metropolitana es el gran enemigo de la observación astronómica. Para ver las Perseidas en todo su esplendor, toca alejarse hacia zonas oscuras.
En Cataluña, el podio de los lugares estratégicos lo ocupan el observatorio del Montsec, el municipio de Albanyà y el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Sin embargo, para quienes busquen algo más cercano a la ciudad, el macizo del Garraf y la zona del Ordal son opciones muy recomendables a poca distancia. Un poco más lejos, pero igualmente válidos, se presentan los parques naturales de Montserrat, Sant Llorenç del Munt i l’Obac y el Montseny.
Eso sí, si el plan es hacer doblete y cazar tanto el eclipse total por la tarde como las Perseidas por la noche, habrá que hilar fino con el mapa: la franja donde el eclipse será total se sitúa únicamente de la línea que une Lleida y Vilanova i la Geltrú hacia el sur. Ese será el territorio clave para vivir, en menos de 24 horas, dos de los fenómenos más sobrecogedores que nos puede ofrecer el cielo.