Hay semanas en las que Barcelona pesa. El cuerpo pide a gritos cambiar el brillo de las pantallas por la sombra inmensa de los abetos y el ruido del tráfico por el murmullo constante de un río. Cuando esa necesidad de huir hacia el norte aprieta, la inercia suele llevar a muchos a mirar hacia la Cerdanya. Sin embargo, justo un suspiro antes de tener que pagar el peaje del Túnel del Cadí, el Alt Berguedà esconde un as en la manga: un respiro salvaje, mucho más amable para el bolsillo y a solo hora y media de casa, donde el tiempo parece haber frenado en seco y no hace falta sumar tantos kilómetros.
Es precisamente en este escenario, en la localidad de Guardiola de Berguedà y a menos de dos horas de Barcelona, donde se ubica el campamento base ideal para explorar la zona. Se trata de Huttopia Barcelona Pirineos, un camping y refugio de ecoturismo que acaba de celebrar sus 25 años de historia y que se ha consolidado como la respuesta para quienes buscan reconectar con la naturaleza a través del ‘glamping’. Un espacio pensado para el «slow travel», galardonado con el Sello de Turismo Familiar, que permite despertar en mitad del bosque sin tener que cargar con los hierros de una tienda de campaña.
Un balcón natural sin pagar peajes
La ubicación estratégica de Guardiola de Berguedà permite asomarse a un paisaje espectacular ahorrándose el peaje del Túnel del Cadí. A tiro de piedra de este rincón asoman reclamos como la arquitectura medieval de Bagà, el nacimiento del río en las Fonts del Llobregat o la ruta de cuento de la Vía Nicolau.
Si el cuerpo pide explorar un poco más, el entorno cercano es un filón. Muy cerca descansa Maçaners, una de esas aldeas que roban el corazón al instante, y los impresionantes riscos de Vallcebre, un paisaje dramático que invita a la aventura. Aunque el premio mayor se encuentra en el Mirador de Gresolet: una pasarela suspendida en el vacío a la que se accede mediante un paseo muy sencillo y que regala la panorámica más brutal del Pedraforca alzándose sobre un mar verde de abetos.
Dormir entre los árboles (pero con cama)
Para no desentonar con la belleza exterior, la filosofía del alojamiento pasa por camuflarse con el entorno sin romper su magia. La apuesta principal es el glamping, con opciones que van desde tiendas de lona y madera de estilo safari —completamente equipadas y listas para usar—, hasta cabañas de madera con terrazas que ofrecen vistas directas a la montaña mágica. Todo el recinto, en el que son bienvenidos los perros, vive abrazado por la vegetación y arrullado por el sonido incesante del agua del río.
El regreso de las rutas por la montaña no implica encender un hornillo de gas. El recinto alberga un cálido bar-restaurante que ha ganado fama por hornear pizzas artesanales y caseras, atrayendo incluso la atención de creadores de contenido gastronómico que visitan el Berguedà. El resto de la tarde se puede invertir en leer junto a la piscina, disputar un torneo de ping-pong o alquilar una de las bicicletas eléctricas de montaña que ofrecen para seguir exprimiendo los caminos de la comarca.
Aunque el glamping es la estrella, el espacio mantiene parcelas tradicionales para quienes prefieren la experiencia purista de llevar su propia furgoneta o tienda de campaña. Para ellos, hay un secreto a voces a la hora de hacer la reserva: es mejor pedir que no asignen los espacios numerados del 1 al 7. Al estar situados un poco más cerca de la carretera de montaña, es posible percibir algo del eco del tráfico, mientras que el resto del terreno garantiza el silencio absoluto del bosque.
Cómo llegar
Alcanzar este escondite prepirenaico es un trámite directo y amable al volante. Basta con tomar la autopista C-16 hacia el norte y mantener el rumbo durante unos 118 kilómetros, un trayecto que, en condiciones normales, se completa en apenas una hora y veinte minutos.
La clave está en abandonar la vía al llegar a Guardiola de Berguedà y enlazar con la carretera comarcal B-400 en dirección a Saldes; exactamente en el kilómetro 3,5 aparece el recinto. Esta ruta permite plantarse en pleno paraíso alpino ahorrándose el pago y el cruce del Túnel del Cadí. Quienes prefieran dejar el coche en casa, disponen de una conexión directa en autobús (operada por ALSA) que une la Estació del Nord con Guardiola de Berguedà en algo menos de dos horas y media.