El sol que castiga suavemente nuestros tejados y el viento que barre las comarcas no siempre bastan si no tenemos dónde guardar su fuerza. En un paisaje cambiante que intenta dejar atrás el recuerdo del apagón de 2025, Catalunya se prepara para encender en 2027 sus primeros grandes parques de baterías. Estas instalaciones, diseñadas para almacenar la energía sobrante durante el día y soltarla cuando cae la noche o el consumo aprieta, comenzarán a brotar tanto de forma independiente en municipios como Sant Julià de Ramis, como abrazadas a campos solares ya existentes en localidades como Alcarràs.
El pistoletazo de salida para esta nueva red de seguridad coincide con la celebración en los pabellones de Fira de Barcelona de la primera edición del congreso Battery & Energy Storage Tech Europe. Allí, mientras las autoridades catalanas tramitan más permisos de conexión que ninguna otra comunidad en España, expertos y empresas debaten cómo convencer a los ayuntamientos más reticentes y de qué manera nuevos materiales, más allá del conocido litio, pueden convertir a la región en líder de la estabilidad eléctrica para compensar su actual falta de generación puramente renovable.
El reto de guardar la luz
Desde el Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica tienen claro que poder almacenar la electricidad es fundamental para darle firmeza al sistema. Al tener todavía un volumen modesto de parques solares o eólicos, la estrategia pasa por impulsar grandes instalaciones independientes que funcionen como inmensas despensas de energía.
Estas despensas, amparadas por un nuevo decreto autonómico, no solo se apoyarán en las baterías. El ecosistema de almacenamiento que se plantea incluye también aprovechar el agua mediante centrales reversibles en embalses como los de La Baells, Moralets y Riba-roja. Desde el Govern esperan que los primeros recintos en construirse funcionen como un escaparate amable que demuestre a los vecinos que se trata de un modelo seguro y necesario.
Rentabilidad y pedagogía vecinal
La industria local ya nota el cambio de viento. Roger Casals, responsable de la empresa Wattium, confirma que el interés por instalar estos recintos no deja de crecer gracias a las nuevas normativas. «El precio de las baterías ha bajado lo suficiente como para que muchos proyectos ya sean rentables», apunta.
Sin embargo, el factor humano sigue siendo un obstáculo. Casals señala que aún hay mucho «desconocimiento ciudadano», por lo que resulta vital explicarle a la gente de forma sencilla para qué sirven exactamente estas cajas de energía. Para que todo fluya más rápido, el sector pide que se desencalle el PLATER, el documento que debe dibujar el mapa definitivo sobre dónde y cómo se pueden construir estas infraestructuras en el territorio.
La sal de la tierra: el salto al sodio
En los pasillos de Fira de Barcelona no solo se habla de permisos, sino también de química. La carrera por encontrar alternativas sostenibles al litio es uno de los platos fuertes del encuentro. Agustí Chico, de Eurecat y BATTECH, pone sobre la mesa a un candidato inesperado: el sodio.
«Sodio tenemos en grandes cantidades, mientras que el litio y otros materiales de su familia son más difíciles de obtener», explica Chico. Aunque es cierto que las baterías de sodio necesitan ser más grandes para guardar la misma cantidad de energía, esto no supone un problema en los parques estáticos en medio del campo, donde el espacio sobra, a diferencia de lo que ocurre dentro de un coche. El experto recuerda además que, antes de fabricar más, toca pensar en el reciclaje: «Es imprescindible conocer mejor la degradación y la vida útil de las tecnologías para saber cómo afrontar la reutilización».
Seguridad cibernética y una oportunidad de oro
Con infraestructuras cada vez más conectadas, el miedo a un fallo del sistema ya no viene solo de un cable roto, sino de la red digital. Joan Herrera, desde la organización Oikia, subraya en el marco del congreso que la ciberseguridad será el muro de carga indispensable para proteger estas nuevas instalaciones.
Herrera recuerda que Catalunya va rezagada tanto en la electrificación como en la implantación de renovables a gran escala. Precisamente por eso, insiste en que liderar la instalación de estos grandes almacenes independientes de energía es una «oportunidad» que la comunidad simplemente no se puede permitir dejar escapar.