Hay barcos que llegan a Barcelona para descargar mercancías y otros que llegan para sacudirnos las ideas. Estos días, si te acercas al Moll de Barcelona Nord, te vas a encontrar con algo que parece sacado de una novela de Julio Verne adaptada al siglo XXI: el catamarán de vela más grande del mundo. Pero no es el yate de un magnate con ganas de presumir, sino el primer barco museo de la historia, el buque insignia del festival Art Explora, que ha decidido que nuestro puerto sea una de sus paradas estrella en su odisea por el Mediterráneo.
Lo que sucede en el muelle no es solo una exposición al uso. Es un despliegue de arte total que se reparte entre el interior del barco y varios pabellones en tierra firme. La propuesta es ambiciosa pero, sobre todo, democrática: todo es de acceso libre. Desde el 26 de marzo y hasta el próximo 6 de abril, el puerto deja de ser un lugar de paso para convertirse en un salón cultural vibrante donde puedes saltar de una experiencia sonora diseñada por el IRCAM de París a una muestra de fotografía contemporánea sobre el exilio sin moverte del código postal 08039.
Un gigante de 47 metros de eslora diseñado para el asombro
El barco en sí ya es una obra de arte. Diseñado por los arquitectos Axel de Beaufort y Guillaume Verdier, este gigante de 47 metros de eslora y 55 metros de altura tiene capacidad para recibir a 2.000 personas al día. Una vez cruzas la pasarela, la experiencia se vuelve inmersiva. En colaboración con el Museo del Louvre, el festival presenta «Present», una odisea digital que rinde homenaje a las figuras femeninas de las civilizaciones mediterráneas. Imagínate caminar por un túnel de 16 metros rodeado de pantallas LED donde la Victoria de Samotracia cobra vida mientras escuchas una composición sonora envolvente.
Pero la cosa no se queda en la cubierta. En el muelle, el festival se expande con tres pabellones que son pequeñas joyas arquitectónicas. El Pabellón Central acoge la muestra «Sota l’Atzur», que explora los mitos y las tensiones del Mare Nostrum. Aquí, el festival ha hecho los deberes de integración local y, gracias a una colaboración con el Museo de Arqueología de Cataluña, se expone una pieza patrimonial que conecta la historia de Barcelona con esta narrativa marítima global. Es ese equilibrio entre lo que fuimos y lo que somos lo que le da al festival un peso periodístico y cultural más allá del puro espectáculo visual.
Música, talleres bajo el agua y el futuro del puerto
Si te gusta lo que escuchas, espera a lo que puedes hacer. La programación en vivo es, probablemente, lo más «Barcelona Secreta» del evento. No se limitan a poner cuadros; hay talleres de escucha subacuática donde puedes descubrir cómo suena el fondo del mar de Barcelona mediante micrófonos especiales. Además, la curaduría musical corre a cargo de colectivos locales como Jokkoo, asegurando que el ritmo que suena en el muelle sea tan vanguardista como el propio barco.
La llegada de este festival también pone el foco en la transformación del Port de Barcelona, que busca abrirse cada vez más a la ciudadanía con actividades que no tengan que ver solo con el turismo de cruceros. Con horarios amplios de 10:00h a 22:00h, es el plan perfecto tanto para una mañana curiosa como para un atardecer diferente antes de que el barco recoja velas y ponga rumbo a Ibiza. Si tienes pensado ir, un consejo de amigo: aunque es gratis, conviene reservar tu franja horaria en su web para no quedarte en tierra firme mirando con envidia desde el muelle.