El verano tiene sus cosas buenas y malas, como todo, pero tiene algo especial que hace que lo esperemos todo el año, tal y como nos pasaba en el colegio, deseando que sonara el timbre y comenzaran, por fin, las vacaciones de final de curso. Puede que sea justamente eso, que nos devuelve a nuestra infancia y nos ayuda a sacar a nuestro niño interior cada vez que nos manchamos las manos con un helado derretido, o al sentarnos a la fresca de un cine de verano, o mientras nos aburrimos a la sombra, esperando a terminar la digestión (sea mito o no) para bañarnos en la playa o en la piscina.
Y es que hay lugares, momentos, comidas e incluso olores que nos hacen sentir una especie de sueño tenue que nos transporta a nuestro propio pasado. En el interior de Barcelona, a menos de dos horas de la capital, hay un pequeño pueblo que esconde, tras un sendero y un circo rocoso, una cascada y una poza que forman un paisaje natural mágico, de esos que te hacen olvidarte de los problemas y los horarios de la vida adulta y te devuelven a tiempos en los que todo era más sencillo.
El Salt de la Foradada es uno de los conjuntos naturales más increíbles de toda la provincia. Se encuentra a unos dos kilómetros a pie, la única forma de llegar, de la pequeña villa de Cantonigròs, perteneciente al municipio de L’Esquirol.
La ruta de acceso es muy sencilla y cualquiera puede recorrerla, aunque a la vuelta hay que sufrir un poco más el desnivel de unos 200 metros que presenta. El aforo está limitado a un máximo de 50 personas y la entrada cuesta 2,50 euros por persona. Aunque eso es durante el horario de 10.00 a 18.00 horas, fuera de horario está permitido el acceso y es gratuito, aunque se ruega a los visitantes que cumplan las normas y respeten el entorno.
A menos de media hora de la cascada más alta de Catalunya
A unos 25 minutos en coche desde Cantonigròs encontramos otro paisaje natural que te deja sin aliento: el Salt de Sallent es la cascada más alta de toda Catalunya.
Una maravilla natural a la que se accede por una ruta similar a la de la Foradada, aunque un poco más larga. Un sendero de dificultad baja que cruza el bosque y que concluye con las vistas al imponente salto de agua.
Además, si queréis alargar un poco más la ruta, a menos de 1 kilómetro se encuentra un espectacular mirador suspendido directamente sobre la montaña.