Quién dijo que el viaje en tren solo sirve para dormir, mirar por la ventanilla o hacer maratones de series? Ahora, los pasajeros del TGV que conecta París y Barcelona tienen una alternativa de lo más original para acortar las casi siete horas de viaje: clases gratuitas de catalán a bordo. Sí, has leído bien. La alta velocidad se ha convertido, de repente, en una singular academia lingüística.
Esta iniciativa, fruto de la colaboración entre el Institut Ramon Llull y la empresa ferroviaria SNCF Voyageurs, arrancó recientemente como prueba piloto y prevé ofrecer una veintena de sesiones hasta finales de año. El objetivo es claro: que los viajeros y turistas lleguen a Catalunya con una mínima base de la lengua, y de paso, con un pequeño bagaje cultural.
Un desconocimiento sorprendente
La génesis de este proyecto no es casual. Según un estudio realizado por SNCF Voyageurs, aproximadamente un 30% de los franceses nunca han oído hablar el catalán y un porcentaje similar desconocía que en Barcelona la lengua fuese cooficial con el castellano. Estos datos, que revelan un cierto desconocimiento de la realidad lingüística catalana, fueron el detonador para la acción.
El responsable de comunicación del TGV Inoui de SNCF, Sébastien Gaussot, enfatizó que la compañía se siente «embajadora del destino» y por eso ven «normal» presentar el idioma y la región a sus viajeros. La meta, según explicó, es «promover un turismo más consciente, que valore la diversidad lingüística y el patrimonio cultural».
Lecciones exprés y muy prácticas
Las sesiones, a cargo de profesores del Institut Ramon Llull como Jordi de la Vega, son totalmente improvisadas, se imparten en el vagón bar (el lugar ideal para un aprendizaje distendido) y tienen una duración de unos 10 o 15 minutos. En ellas se enseñan expresiones básicas, además de nociones de cultura, gastronomía y monumentos.
Los pasajeros reciben el aviso por megafonía y con trípticos informativos. El interés es diverso: desde viajeros que se sorprenden al saber que en Catalunya se hablan dos lenguas y quieren «saber un poco más», hasta catalanohablantes que aprovechan la ocasión para practicar. Incluso parejas de luna de miel han dedicado unos minutos de su viaje a aprender lo básico. Cada alumno se lleva, además, una pequeña lista para seguir practicando.
La compañía ya se ha propuesto evaluar los resultados de esta prueba piloto para ampliar y consolidar el servicio a partir de 2026 y que, si todo va bien, cada tren pueda contar con un profesor a bordo diariamente, convirtiendo así el trayecto ferroviario en una auténtica puerta de entrada a la cultura catalana.