Hay algo intrínsecamente poético en el baile diario de quien atiende mesas, esquivando sillas y clientes con una mano ocupada y el peso perfectamente distribuido. Es un arte invisible que sostiene la vida social de nuestras calles, una coreografía no escrita que dejará de ser una rutina cotidiana para convertirse en puro deporte. El Bar Trampolí se prepara para acoger la tercera edición de sus Olimpiadas Gastronómicas, un encuentro que reivindica el arte, la gastronomía y las tradiciones populares a través del juego y la competición de barrio.
La cita tendrá lugar este próximo sábado 17 de octubre a las 12:30 horas, momento en el que el local recuperará una disciplina histórica: la carrera de camareros. Por un precio de cinco euros, que incluye un dorsal oficial y pica-pica, las primeras catorce personas que se apunten pondrán a prueba su velocidad y equilibrio en esta singular pista olímpica. No es necesario ser un atleta para asistir; quienes prefieran quedarse al margen podrán disfrutar del ambiente y animar a los participantes en una jornada pensada, por encima de todo, para hacer comunidad y pasarlo bien.
Un jurado que es pura resistencia vecinal
Para evaluar la destreza de los corredores, el evento contará con un jurado formado por auténticas instituciones de la resistencia hostelera barcelonesa. Entre ellos estará el Bar Haití, un clásico del barrio Gótico que lleva abierto desde 1957, va por su tercera generación y sigue resistiendo la transformación turística a base de tortillas, croquetas y capipota.
También evaluarán las carreras desde el Pony Bar, el pequeño y carismático local del barrio de Sant Pere donde no hay lugar para el postureo, y desde La Cañada, la taberna del Poble-sec que mantiene vivo el espíritu del buen producto y el vermut. Este último proyecto está capitaneado por Juanpe González y su equipo, quienes también gestionan las barras del Mercat de les Flors y del propio Bar Trampolí.
El evento no solo medirá el pulso de los participantes. La artista multidisciplinar y drag transmutant Estel Boada será la encargada de dinamizar las olimpiadas. Acostumbrada a navegar por el humor, la performance y el espacio público, Boada pondrá voz y color a esta atípica mañana deportiva en la que las tres mejores puntuaciones se llevarán a casa sus respectivas medallas olímpicas. La jornada, que cuenta con la identidad gráfica de la ilustradora Olga Capdevila, promete ser la excusa perfecta para celebrar la cultura de bar de toda la vida.
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