Hay rincones en el Barrio Gótico donde el tiempo parece detenerse en un aroma dulce. Esa misma calidez es la que volverá a impregnar el número 16 del carrer del Pi, es decir, la chocolateria Fargas, el próximo viernes 5 de noviembre, cuando el maestro Lluc Crusellas inaugure su primer local fijo en la ciudad. El talento catalán, reconocido como el mejor chocolatero del mundo en París en 2022, toma las riendas del establecimiento dedicado al cacao más antiguo de la capital catalana para insuflarle nueva vida y unir la innovación con la memoria de barrio.
El proyecto, bautizado como ‘Fargas Lluc Crusellas’, nace del profundo deseo de preservar un negocio histórico del que se tiene constancia desde 1827. Tras asumir el relevo de la propiedad a principios de verano y trabajar a contrarreloj en el acondicionamiento del local, el artesano se ha propuesto mantener vivas las recetas centenarias, fusionándolas en un mismo espacio con sus premiadas creaciones de vanguardia. «Para mí, es un poco devolverle al chocolate todo lo que me ha dado», confiesa con emoción al hablar de este nuevo capítulo.
El latido de un molino chocolatero centenario
Para Crusellas, salvaguardar este pedazo de historia urbana era un compromiso innegociable. La mítica Xocolateria Fargas, que originalmente ocupó la esquina de Portaferrissa hasta su traslado en 2014 a este local de la misma finca, recuperará su esplendor conservando el mobiliario original de 1920 diseñado por Carles Farga. Eso sí, el espacio abandona los tonos blancos de su última etapa para adoptar una estética más oscura y acogedora, que incluirá una pequeña zona de cata.
En la trastienda, el corazón del negocio seguirá latiendo al ritmo de un histórico molino de piedra del siglo XIX que se mantendrá en funcionamiento. De este obrador propio continuarán saliendo las especialidades clásicas que residen en la memoria de los barceloneses, desde el tradicional chocolate a la piedra y las lenguas de gato, hasta las trufas heladas y el tostado de las habas de cacao.
Lujo accesible y cacaos de origen
Bajo el sello de su marca Eukarya, las estanterías también lucirán las especialidades que llevaron al joven a la cima mundial. Los visitantes encontrarán tabletas, cremas de untar, bombones y esféricos elaborados artesanalmente con cacaos seleccionados en origen de Perú, Madagascar, Indonesia, Ecuador y Tanzania.
Todo ello se enmarca en la filosofía de ofrecer un «lujo accesible». Con tabletas que rondan los 6,95 euros, Crusellas defiende que el encarecimiento global de la materia prima ha servido para poner en valor la calidad real del producto. «Si una cosa tiene el valor que debe tener, el precio no es un condicionante», reflexiona el chocolatero, convencido de que un buen dulce sigue siendo un capricho que la mayoría puede permitirse disfrutar.
El regreso del suizo y un paquidermo en el escaparate
Una de las grandes alegrías para los vecinos que resisten en el centro será el regreso del clásico suizo a la calle del Pi, esta vez en formato para llevar. La propuesta promete convertirse en un reclamo invernal: chocolate a la taza de elaboración propia coronado con nata montada de la granja Armengol —ligeramente endulzada con vainilla, pero sin azúcar añadido— y acompañada de melindros también caseros.
Como guiño visual a la hazaña que le cambió la vida, el escaparate de la tienda estará presidido por una réplica en miniatura del monumental elefante con el que conquistó el título mundial. Aunque el original descansa en el Museo del Chocolate, esta versión de 100 kilos servirá de recordatorio de por qué eligió a este animal para su obra cumbre: «Quería algo que transmitiera la simplicidad de las cosas grandes». Y en Barcelona, pocas cosas combinan tanta grandeza y sencillez como un buen pedazo de chocolate.