En la costa del Maresme hay un punto donde el mar y el horizonte se funden y la brisa parece acercarnos historias de marineros que cruzan estas aguas desde hace siglos. Desde aquí, se domina toda la línea de costa catalana, como si fuéramos vigías a la espera de piratas medievales, desde el Maresme y las playas de Barcelona hasta las rocas de la Costa Brava.
Ese lugar es el Far de Calella, el faro más antiguo en funcionamiento de Cataluña. Inaugurado en 1859, Calella apenas era un puerto pesquero, lleva más de 160 años guiando a navegantes y cautivando a quienes llegan hasta este acantilado. Situado a 50 metros sobre el nivel del mar, su luz no solo sigue marcando la ruta marítima: también señala uno de los mejores miradores naturales del litoral barcelonés.
La subida hasta él es parte del plan. Un breve paseo desde el centro de Calella, entre pinos y miradores, que te prepara para el golpe de vista final del Mediterráneo, con la Costa Brava al norte y, en días claros, la silueta de Montjuïc al sur.
Cómo llegar desde Barcelona

El faro está a menos de una hora en tren desde la estación de Barcelona-Sants o Barcelona-Passeig de Gràcia (línea R1 dirección Maçanet-Massanes). Baja en Calella y, desde allí, solo tienes que caminar unos 10 minutos siguiendo las indicaciones hacia “Far de Calella”. El sendero es fácil, con una ligera subida, y ofrece vistas de postal incluso antes de llegar.
Si lo visitas en verano, baja después a la cala de Les Roques, justo al pie del acantilado, para cerrar la excursión con un baño.