Si estos días paseas por el centro y sientes un ligero déjà vu al ver que algunas luces de Navidad siguen ahí arriba, no es que a las brigadas municipales se les hayan pegado las sábanas. La decisión es firme y tiene una razón de ser que va más allá de la nostalgia festiva: el distrito de Ciutat Vella ha decidido mantener encendidas parte de las guirnaldas en los puntos más críticos para intentar que la sensación de inseguridad no se adueñe de las calles más estrechas.
Esta medida, que afecta principalmente a barrios como el Gòtic, el Born y Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, nace de una petición histórica de los comerciantes de la zona. El objetivo es doble. Por un lado, se busca que las calles menos iluminadas dejen de ser «tétricas», como apuntan algunos vecinos, y por otro, fomentar que el pequeño comercio luzca más atractivo durante los meses donde el sol se pone antes de que hayamos terminado el café de la tarde.
Adiós a los renos, hola a la luz atemporal
La idea del consistorio no es que vivamos en un 25 de diciembre perpetuo. Según ha detallado el concejal del distrito, Albert Batlle, el plan consiste en retirar los motivos más estrictamente navideños, como estrellas de Oriente o figuras de Papá Noel, y sustituirlos o mantener únicamente aquellas estructuras luminosas con diseños atemporales. Se trata de guirnaldas que aportan calidez y claridad sin necesidad de que suene All I Want for Christmas is You de fondo.
Este plan de choque contra la oscuridad se aplicará siguiendo el calendario del horario de invierno. Es decir, las luces permanecerán activas aproximadamente desde finales de octubre hasta el último fin de semana de marzo. Con esto, el Ayuntamiento pretende dotar de un aspecto más alegre a zonas que, tradicionalmente, quedaban en una penumbra poco acogedora una vez finalizada la campaña de Reyes.
Una inversión para iluminar el centro
Mantener estas infraestructuras no es solo cuestión de pulsar un interruptor. Esta iniciativa se suma a la inversión creciente que la ciudad ha realizado en iluminación en los últimos años. Cabe recordar que el presupuesto para el alumbrado navideño en Barcelona ha experimentado un incremento notable, rozando los 3 millones de euros en las últimas campañas, con el fin de utilizar tecnología LED de bajo consumo que permita este tipo de extensiones temporales sin disparar la factura eléctrica de forma insostenible.
Además de las guirnaldas públicas, el consistorio está trabajando con las asociaciones de comerciantes para regularizar las luces que muchos negocios instalan por su cuenta. La intención es que toda la iluminación de fachada a fachada guarde una coherencia estética y cumpla con las normativas de seguridad, convirtiendo el laberinto de Ciutat Vella en un espacio mucho más transitable y amable para el peatón durante las largas noches de invierno.