Cuando Barcelona comenzó a derribar sus murallas en 1854, parte de aquellas piedras encontró un destino inesperado: una fábrica de cerveza. Louis Moritz las reutilizó para construir la cervecería que abrió en Sant Antoni en 1864. Lo más curioso es que algunas todavía pueden verse en la planta baja de la Fàbrica Moritz, como recuerdo de la Barcelona previa al Eixample.
Aunque el edificio ha cambiado mucho desde entonces, hoy vuelve a elaborar cerveza y también acoge propuestas culturales. De hecho, quienes quieran conocerlo tienen un motivo más para visitarlo: la Fàbrica Moritz es ahora escenario de dos experiencias inmersivas con teatro, cócteles e historias de misterio.
7 noviembre 2026 17:00 + más fechas disponibles
14 noviembre 2026 17:00 + más fechas disponibles
De muro militar a cimiento de una cervecería
Barcelona llegó a estar tan limitada por sus murallas que en 1846 se prohibió instalar nuevas fábricas dentro del recinto amurallado. La población crecía, faltaba espacio y las restricciones militares impedían que la ciudad se expandiera libremente. Tras años de protestas, en 1854 comenzó el derribo de las murallas, que dio paso a la construcción del Eixample.
Aquel trazado recién liberado abrió la puerta a nuevos negocios fuera del casco antiguo. Louis Moritz, un cervecero francés asentado en Barcelona, compró unos terrenos en la recién abierta Ronda de Sant Antoni y aprovechó los sillares del derribo —un material de primera calidad que se comercializaba tras la demolición de las defensas— para levantar los cimientos y muros de su fábrica.
Pero la historia del edificio no terminó con las murallas.

La Fàbrica Moritz también conserva un refugio antiaéreo de la Guerra Civil
Durante la Guerra Civil, Barcelona sufrió continuos ataques aéreos, especialmente devastadores en marzo de 1938. Para proteger a la población, se construyeron cientos de refugios antiaéreos por toda la ciudad, y uno de ellos todavía puede verse en su planta baja.
En aquellos años, el recinto también vivió sus propios cambios. Fue colectivizado durante la guerra, aunque siguió produciendo cerveza. De hecho, mantuvo la producción durante décadas, hasta que una profunda crisis obligó a cerrar las instalaciones en 1978.
La marca volvió al mercado en 2004, pero el edificio de la Ronda de Sant Antoni esperó hasta 2011 para reabrir reconvertido por Jean Nouvel, el arquitecto de la Torre Glòries. El proyecto integró los depósitos antiguos, la maquinaria y las estructuras originales en la oferta gastronómica y cultural que funciona hoy.