Hay cicatrices en las calles que, en lugar de esconderse, merecen ser visitadas para no olvidar de dónde venimos. Bajo el asfalto de Barcelona, el silencio de la historia todavía retumba en espacios que sirvieron de escudo y salvaron vidas. Uno de estos rincones es el refugio antiaéreo 312-3, una auténtica cápsula del tiempo de la Guerra Civil que muy pronto dejará de ser un secreto para abrirse de forma estable a los vecinos.
El Ayuntamiento de la ciudad ha dado el primer paso para hacer visitable este espacio situado en la calle Antic del Guinardó. Con un presupuesto de 14.641 euros, el consistorio ha sacado a licitación los trabajos necesarios para preparar el interior. El objetivo es que el público pueda adentrarse con total seguridad en el mismo lugar que protegió a los habitantes del barrio de la caída de las bombas durante el conflicto.
Una entrada discreta con mucha memoria
Para encontrar este trozo de la memoria barcelonesa hay que caminar con los ojos bien abiertos. El acceso pasa casi desapercibido, camuflado tras una pequeña y discreta puerta metálica. Se encuentra justo delante del Mas Guinardó, un edificio que hoy palpita de otra manera, sirviendo como sede para diversas entidades del barrio. Sin embargo, cruzar ese modesto umbral de metal supone bajar de golpe a las entrañas del conflicto bélico.
Antes de que cualquiera pueda pasear por sus pasillos y sentir el peso de la historia, el refugio necesita una puesta a punto. Esa inyección de algo más de 14.000 euros servirá precisamente para arreglar el espacio y dejarlo listo para las visitas regulares. Aunque todavía habrá que esperar un poco a que terminen estas obras, la cuenta atrás para recuperar y pisar este pedazo de la historia del Guinardó ya está oficialmente en marcha.