Hay una magia particular que florece cada mes de agosto en Barcelona, esa que transforma el asfalto ardiente y las aceras de toda la vida en lienzos donde la imaginación de los vecinos toma el control. Sants se ha vuelto a vestir de gala en su esperada fiesta mayor, y con ella, el veredicto del tradicional certamen de decorados callejeros ha dictado sentencia, recordándonos el inmenso valor del trabajo manual y comunitario que teje la identidad de nuestros barrios.
Este año, el jurado ha hablado y la alegría ha estallado exactamente en el mismo rincón que en la pasada edición: el carrer de Valladolid se ha alzado nuevamente con el primer premio del concurso de guarnits de las Festes de Sants. Inspirados en una espectacular Ruta de la Seda, los creadores de esta obra efímera han logrado acumular 384 puntos, situándose al frente del podio por segundo año consecutivo en una competición que ha medido a un total de once calles y plazas.
Un podio con geometría y sabor dulce
La batalla por la plata y el bronce ha estado de lo más reñida. El segundo puesto se lo ha adjudicado el carrer de Sagunt, que con su apuesta por las formas y la geometría se ha quedado muy cerca del liderazgo al sumar 377 puntos. Su esfuerzo no solo les ha valido esta merecida posición, sino que se llevan a casa una mención especial por parte del jurado, que ha querido destacar el impresionante trabajo realizado en el techo de su decorado.
Por su parte, el tercer puesto nos ha dejado el mejor sabor de boca posible. El carrer de Guadiana decidió convertir su calle en un obrador mágico habitado por bombones, pasteles y cruasanes de tamaño gigante. Fieles a su simpático lema, «Cuanto más azúcar, más dulce», han logrado conquistar a los jueces y asegurarse el último escalón del podio.
Once ventanas a mundos distintos
Más allá de los tres grandes ganadores, el concurso de este año ha sido un auténtico viaje temático gracias al empeño de todos los participantes. Pasear por Sants estos días ha sido sinónimo de saltar entre universos diametralmente opuestos con solo doblar una esquina.
La creatividad vecinal nos ha regalado escenarios muy dispares a lo largo de las once localizaciones inscritas. Quienes han recorrido la zona se han podido topar con decorados que rinden homenaje al rugir del mundo del motor, a la magia intemporal del cine o a los misterios de la ciencia. La memoria histórica y las aulas también han reclamado su espacio, con puestas en escena que han hecho viajar a los visitantes hasta las Olimpiadas Populares de 1936 o han reivindicado la figura de la escuela pública, demostrando que el arte de nuestras calles tiene espacio para el ocio, pero también para el recuerdo.