No puede encontrarse en un enclave más privilegiado, a pocos pasos de la Rambla y en el corazón del barrio Gótico. Aún así, al estar casi al lado de la Catedral, a menudo pasa desapercibida. Hablamos de Santa Maria del Pi, basílica cuyos orígenes se remontan más de 1000 años atrás, una joya arquitectónica que ha sobrevivido a todo tipo de eventos históricos y catástrofes y que se sigue erigiendo majestuosa como templo de culto y también escenario de espectáculos muy singulares.
Érase una vez la Virgen en un pino
Cuenta la leyenda que cerca de la actual basílica se encontró un pino con la imagen de la virgen María en su tronco. Este hecho inició el culto de la Iglesia del Pino, que ya tenía su propio templo a finales del siglo X (por la época, de estilo románico) y que ya consta en los documentos como parroquia eclesiástica en 1188. Pero, ¿qué fue de esa iglesia? Dado que nunca se han encontrado restos de la misma, todo apunta a que, tras derruirse, sus restos quedaron sepultados sobre la actual basílica, cuyo inicio de construcción data de principios del siglo XIV.
Lo que hoy conocemos como Santa Maria del Pi es algo así como el remake de algo ya existente, ampliado y mejorado. Aunque este proceso de construcción fue lento y complejo… ¿Acaso no lo es siempre el de las grandes obras arquitectónicas de Barcelona?

Según documentos de la época, sabemos que en 1351 ya existía una capilla con altares dedicados a Sant Climent y Sant Llorenç, y que en 1332 ya se trabajaba en el cuarto tramo de la nave, que fue cubierta durante la segunda mitad del siglo XIV.
El empujón definitivo lo recibe de Pere el Cerimoniòs, monarca de la corona de Aragón y Mallorca. Conocido por su reinado enérgico y duro (lo que siempre implica sacar pecho a nivel religioso), hizo en 1379 la donación que permitió construir su campanario. Aunque como basílica se inauguró en 1453, tuvo otro tramo importante de obras, dirigidas por el maestro Bartomeu Mas, entre 1460 y 1497, año de su muerte. Con esto termina la basílica tal y como la conocemos… Aunque, como te explicaremos más adelante, hubo que montar de nuevo los andamios en diversas ocasiones.
Una joya del gótico catalán

Si buscamos un ejemplo del gótico catalán más puro, Santa Maria del Pi es perfecta para comprenderlo. Para empezar por su estructura de nave única, de techos altos y capillas laterales con contrafuertes. Esto la diferencia de su «vecina», la Catedral de Barcelona, de tres naves, o de las catedrales del gótico francés, caracterizadas por tener arbotantes (arcos externos). Esta iglesia, vista desde fuera, es austera (tiene esculturas pero poco ornamento) y parece más una fortaleza que un templo de culto.
Por dentro, su forma de nave única y su horizontalidad crean un efecto visual espectacular, ya que nada interrumpe la vista desde la entrada hasta el altar. Sus 17,5 metros de ancho la convierten en una de las naves más anchas de España.

También destaca su enorme campanario, de forma octogonal, 54 metros de altura y con muros de 3,55 metros de grosor. En pretéritos tiempos de guerra sirvió como torre de vigía y se dice que el sonido de sus campanas era tan fuerte que se podían oír desde cualquier parte de Barcelona.
Aunque si algo llama especialmente la atención es su icónico rosetón. Con sus 10 metros de diámetro es uno de los más grandes de Catalunya, y no deja de sorprendernos su geometría perfecta. Además, el hecho de que la fachada de Santa Maria del Pi sea tan austera aún destaca más la belleza de este gran «ojo».
La basílica resiliente

El camino para que Santa Maria del Pi llegue a nuestros días en todo su esplendor ha sido largo y tortuoso; durante su larga vida ha sufrido diferentes tragedias que han afectado su estructura. La primera documentada fue en 1428 debido al sonado terremoto de Catalunya. Aunque su epicentro fue en el Rosselló, los estragos también los sufrió Barcelona, y para Santa Maria del Pi no pudo ser más trágico: le provocó severos daños y la caída de su rosetón, causando varios muertos.
Los bombardeos de la guerra de sucesión de 1714 también afectaron a la basílica. Esto obligó a reconstruirla a partir de 1717, aunque no fue hasta 1863 que se realiza un proyecto de restauración real que mejora capillas, portada y fachada exterior y elimina la decoración barroca del templo. Unos 50 años después se vuelve a restaurar, pero la alegría dura poco.
En 1936 es quemada durante la Guerra Civil y durante los años 50 recibe la que es, por ahora, su última obra de gran magnitud. Gracias al trabajo de Josep Maria Jujol (célebre arquitecto modernista y colaborador de Gaudí) se pudo restaurar el bello rosetón de Santa Maria del Pi y dejar la basílica en su impecable estado actual. De hecho, hasta el 27 de febrero podemos disfrutar en el propio templo de la exposición La Barcelona de Jujol, que pone en valor al arquitecto como una figura clave para la recuperación del patrimonio catalán durante el siglo XX.
Un escenario de excepción
Como todo templo religioso importante, Santa Maria del Pi cuenta con oficios diarios, pero estos no son los únicos eventos que se celebran en el recinto. Su arquitectura convierte la basílica en un edificio de excelente acústica, perfecto para todo tipo de espectáculos musicales.
Así, la basílica es escenario habitual de conciertos, como el concierto participativo de Navidad, algunos shows de Candlelight y actualmente acoge el espectáculo LUMINISCENCE. Este evento combina proyecciones de videomapping con música clásica (digital y con coro en directo en algunas sesiones) y una narración que nos cuenta su historia. Sin duda, un homenaje precioso a, como ves, toda una joya de nuestra ciudad.
LUMINISCENCE: Sumérgete en los secretos de la Basílica Santa Maria del Pi - 4.57 · 5244 reviews
Bonus track: ¿Sabías qué…? Pequeños secretos de Santa Maria del Pi

Ahora que conoces la historia de Santa Maria del Pi no te vayas sin saber que…
- Es la «casa» de los gigantes de Barcelona Mustafà y Elisenda. No en vano la canción popular «El gegant del Pi» hace referencia a Mustafà y a este lugar. Y los gigantes, cuando no recorren cercaviles, descansan en la entrada de la Plaça San Josep Oriol.
- En un lateral de la iglesia hay una pintada que reza «Plaça del milicià desconegut». Aunque no se sabe con certeza su origen, data de la Guerra Civil y sobrevivió a los 40 años de dictadura, siendo testigo de aquellos que lucharon por la libertad. Desde 2004, además, el Ayuntamiento colocó una placa conmemorativa de bronce, en homenaje a todas estas personas que lucharon contra el bando nacional.
- La basílica custodia una gran colección de joyas que, milagrosamente, han sobrevivido a guerras y saqueos. Entre sus piezas destaca la Custodia Procesional, obra de plata dorada que se sacaba en las procesiones de Corpus; las cruces del altar de oro y plata de los siglos XIV y XV, en perfecto estado de conservación; y los Cordobanes, frontales de altar hechos de cuero repujado, policromado y dorado (el cuero en la Edad Media era considerado un material de lujo).
- También cuenta con un incalculable archivo parroquial de documentos desde el siglo XII, un fondo que nos ayuda a entender la vida de los barceloneses a lo largo de los siglos. Podemos disponer de él gracias a los vecinos y archiveros que, durante el incendio de 1936, se jugaron la vida para salvar todos estos documentos del fuego.
