«Hola, soy David León, de Barcelona Secreta, y soy el último hombre del Gótico«. Así arranca este safari urbano. David León se ha ganado este apodo entre sus amigos por haber nacido, crecido y, sobre todo, sobrevivido en el barrio más turistificado de Barcelona.
El punto de partida es la plaza de la Catedral, un lugar que hoy sirve de decorado para las fotos de miles de turistas, pero que antes «era básicamente una plaza del barrio». David recuerda que, al ser un distrito de callejones, las plazas no son grandes y este era un espacio vital para los vecinos. Muestra de ello fueron las imágenes captadas por el fotógrafo Sergi Bernal durante la pandemia, cuando los niños y familias del barrio recuperaron la plaza como espacio de juego, un espejismo que duró solo unos meses.
El patio ‘enjaulado’ de Sant Felip Neri
Uno de los secretos «mejor guardados», la Plaça Sant Felip Neri, es la siguiente parada. Aunque todo el mundo sabe que ya no es ningún secreto, lo que quizás no tantos saben es que la plaza es el patio del colegio Sant Felip Neri. «Los niños siempre habían jugado aquí», explica David, hasta que la masificación turística se volvió insostenible.
La situación llegó a tal punto que ahora, durante la hora del patio, se instalan unas vallas para que los escolares puedan jugar tranquilos. La conclusión es tan gráfica como desoladora: «Literal, la gente del barrio, enjaulada».
Un viaje a la nostalgia comercial de la Plaça Sant Jaume
El recorrido se adentra en la memoria de los comercios que daban vida al barrio y que han sido sustituidos por tiendas de souvenirs, franquicias y negocios pensados para el turista. En la Plaça Sant Jaume y sus alrededores, David señala los fantasmas de lo que fue.
El Frankfurt Sant Jaume, que afortunadamente sobrevive; una tienda de bolsos Soruka, donde antes había un quiosco; el supermercado Alcampo ocupa el local del antiguo banco del barrio; un Starbucks que reemplazó a Deulofeu, una prestigiosa y preciosa sastrería; la tienda de Torrons Vicens, que antes era un local de fotografía y el Pans & Company, que se levanta donde estaba Bocatta, «la verdadera cadena de bocatas».
Por otro lado, muy cerca, el mítico Bar Brusi, famoso por sus callos caseros, ha cerrado tras 55 años para dar paso a una cafetería impersonal.
La turistificación en cifras: más camas para turistas que para vecinos
Hay datos duros que ponen cifras a esta percepción. En los últimos años, el Gòtic ha perdido al menos un 20% de su población empadronada. Además, diversos estudios confirman la realidad que denuncian los vecinos: actualmente, en el barrio hay más camas destinadas al turismo que a los propios residentes.
La última parada del vídeo es la Plaça del Rei, que para David y sus amigos era «un poco el MACBA del Gòtic». Un lugar donde los jóvenes se juntaban en las escaleras a charlar, tocar la guitarra y pasar el rato sin necesidad de consumir. «No es que vaya a reivindicar el consumo de latas en la calle», aclara, «pero sí creo que un barrio sin un espacio donde los jóvenes puedan sentarse a pasar el rato sin tener que gastar dinero, no es un barrio: es un escaparate».
David finaliza con una reflexión importante: no se trata de un simple ataque de nostalgia, pues «los barrios, al final, tienen que cambiar». El problema, señala, es que «ninguno de los negocios que hay por aquí está pensado para la gente del barrio». Así que ya sabéis, a todos los barceloneses, volved al Gótico, pero sobre todo, ¡Barcelona, devuélvenos el puto Gòtic!.

