La brisa salada del Mediterráneo volverá a mezclarse con los graves de la música electrónica. Hay zonas de la ciudad que parecen pedir a gritos que el pulso cultural las habite, y el litoral siempre ha mantenido una relación especial con la historia del baile en Barcelona. Tras semanas de misterio, ya es oficial: del 17 al 19 de junio, la próxima edición del festival Sónar instalará su versión de Día y el congreso Sónar +D en el Port Vell, en un espacio todavía por delimitar pero que previsiblemente abrazará la zona de los Tinglados. Por su parte, el Sónar de Noche seguirá retumbando en los pabellones de la Fira Gran Via de L’Hospitalet.
Este movimiento estratégico devuelve la esencia del festival al centro neurálgico de la capital catalana. La decisión llega para separar de nuevo los ambientes diurnos y nocturnos tras la prueba de 2026, donde la fusión de ambos en el inmenso recinto ferial dejó cierta sensación de vacío durante las primeras horas de la tarde. De este modo, bajo la dirección del equipo de François Jozic —y tras la mudanza original forzada por las reformas de la avenida Maria Cristina—, el Sónar busca recuperar aquel espíritu orgánico y cercano que siempre lo ató a las calles de Barcelona.
Una esquela publicitaria y el espíritu playero
Ayer mismo saltaron las alarmas cuando una enigmática esquela apareció en prensa y en la propia web del festival con el mensaje “Sónar 1994-2026”. Lo que por un momento pareció el adiós definitivo a la cita más importante del mundo en música electrónica resultó ser, en realidad, una hábil estrategia de marketing para anunciar su renacimiento.
El nuevo rumbo huele a nostalgia. Trasladar el sonido al mar evoca irremediablemente los años entre 1997 y 2000, cuando el pabellón de la Mar Bella acogió unas recordadas noches de festival donde se mezclaban siestas en la arena y la brisa marina. Ahora, ese ambiente costero será el telón de fondo para las tardes. Todo apunta a que la organización, fundada por Ricard Robles, Enric Palau y Sergi Caballero, intentará replicar el éxito de los años de plaza Espanya, donde el césped verde del Village, el Sónar Lab y los escenarios al aire libre funcionaban a pleno rendimiento desde las cuatro de la tarde hasta la medianoche.
El reencuentro con el Sónar +D
El año pasado, en un intento de no perder el cordón umbilical con el centro, la organización llevó las charlas y stands del Sónar +D a la espectacular Llotja de Mar. Sin embargo, los más de seis kilómetros de distancia que separaban este espacio de los conciertos en L’Hospitalet pasaron factura, provocando que muchos asistentes renunciaran a desplazarse expresamente.
Ahora, con el regreso del Sónar de Día al Port Vell, la música y la innovación volverán a darse la mano. Las actuaciones diurnas quedarán a un tiro de piedra de la propia Llotja, facilitando que el público pueda volver a curiosear entre los proyectos tecnológicos y los escenarios sin tener que cruzar media ciudad. Atrás quedará el intento del último año, donde se diseñaron seis escenarios en L’Hospitalet que abrían paulatinamente desde las cinco de la tarde hasta las siete de la mañana, un formato ininterrumpido de 14 horas que, aunque permitía entrar y salir, no logró capturar la intimidad de las tardes barcelonesas.