Los últimos otoños en la costa mediterránea han sido especialmente inquietantes en lo que a términos meteorológicos. Hace solo unas semanas, Barcelona y todo el litoral catalán se enfrentaban a dos temporales casi consecutivos que trajeron consigo precipitaciones de una intensidad sin precedentes, con la amenaza del temido medicán en el aire.
Acumulaciones de más de 280 litros por metro cuadrado (casi la mitad de lo que llueve de media al año) en períodos muy cortos que dejaron algunas inundaciones y problemas graves en diversos puntos de la ciudad y afectaron especialmente a las infraestructuras ferroviarias.
A pesar de los daños, las consecuencias podrían haber sido mucho peores si no fuera por el «flotador subterráneo» de Barcelona, una infraestructura que contiene las lluvias torrenciales y sirve, esencialmente, para evitar que la ciudad se inunde.
Este sistema funciona gracias a la red de 15 depósitos de agua que permiten acumular 477 millones de litros de agua. Un sistema mayoritariamente subterráneo (13 de los 15 tanques están bajo tierra y 2 a cielo abierto) que se diseñó en los años noventa para optimizar el drenaje urbano. El más grande de estos depósitos es el de la Zona Universitaria, capaz de acoger más de 100 millones de litros.
El funcionamiento es muy sencillo: estos espacios retienen el agua cuando las alcantarillas están colapsadas y progresivamente la envían hacia las depuradoras cuando la tormenta afloja.
40 depósitos pendientes de construcción
Sin embargo, según el Plan Director Integral de Saneamiento de Barcelona (PDISBA), el Ayuntamiento de Barcelona tiene suelo reservado para ejecutar entre 25 y 29 tanques adicionales, pero el objetivo a largo plazo es construir 40 nuevos depósitos.
El más inminente es el de la Rambla Prim, cuya inauguración está prevista para 2028. Los tres siguientes ya proyectados estarán ubicados en Vallcarca, Bac de Roda y La Sagrera, los dos primeros aún en fase de planificación y el tercero en fase de ejecución, condicionado por las obras ferroviarias de Adif.