El modernismo catalán cambió la arquitectura a finales del siglo XIX y convirtió Barcelona en una de las ciudades más bonitas del mundo y, en cierto modo, en un museo al aire libre. La figura de Antoni Gaudí es de sobra conocida por todo el globo, pero no fue el único genio que revolucionó la estética y el diseño de edificios; Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch fueron sus dos grandes «rivales» en el gremio.
En pleno paseo de Gràcia nos ha quedado como herencia una de las mejores pruebas de esta pugna artística: la Manzana de la Discordia (o Illa de la Discòrdia), donde se juntan la Casa Lleó Morera de Domènech i Montaner, la Casa Batlló de Gaudí y la protagonista de este artículo, la Casa Amatller, de Puig i Cadafalch.
El edificio original fue construido en 1875 por el maestro de obras Antoni Robert, y en 1898 el famoso industrial chocolatero Antoni Amatller compró el inmueble por 490.000 pesetas para convertirlo en su residencia habitual. Si tenemos en cuenta el cambio de divisa y el poder adquisitivo de la época, serían entre 5 y 7 millones de euros en 2026.
El nuevo propietario mandó al arquitecto barcelonés la tarea de remodelar por completo la vivienda, y Puig i Cadafalch fusionó el neogótico catalán con la arquitectura flamenca con inspiración en las casas holandesas. Donde más podemos apreciar este estilo es en su llamativa fachada, con un remate escalonado revestido de cerámica con motivos florales y animales.
Una nueva vida como archivo y museo
Teresa Amatller, hija del propietario, residió en el inmueble hasta su muerte en 1960, momento que el edificio pasó a ser propiedad de la Fundació Privada Institut Amatller d’Art Hispànic, fundada por ella misma. Tras más de medio siglo funcionando como biblioteca de arte y archivo fotográfico, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya (junto a otras instituciones) acordaron en 2009 un presupuesto de unos 5 millones de euros para restaurarlo integralmente.
Una recuperación milimétrica y muy rigurosa que concluyó con la reapertura en 2015 como casa-museo donde es posible visitar cómo era la vivienda cuando la familia Amatller residía en ella.
Durante el recorrido se puede observar todo el mobiliario original, las colecciones privadas de arte de Antoni Amatller (con pinturas, tallas románicas y góticas, vidrios de la época romana e islámica) y los elementos arquitectónicos del maestro Josep Puig i Cadafalch. Además, en la tienda del museo se puede comprar el chocolate artesano original de la familia Amatller.
Una «cápsula del tiempo» en pleno centro de la ciudad que muestra el estilo de vida de la alta burguesía en el momento álgido del modernismo en la región.