Las vías del tren son las arterias que vertebran nuestro día a día, pero últimamente el traqueteo de los vagones arrastra un eco mucho más amargo. Después de una primera jornada de huelga, que sirvió también de luto por los compañeros y las víctimas de un trágico accidente reciente, el sindicato SEMAF ha decidido mantener sus protestas para exigir garantías reales de seguridad en el transporte.
Con un seguimiento que el sindicato cifra en un éxito del 100 % (frente al 26,63 % registrado por Renfe a media tarde), la organización ha trazado ya su nueva hoja de ruta. Los trenes volverán a detenerse los próximos 10 y 12 de noviembre con una combinación de paros totales y fraccionados, unas medidas con las que buscan forzar un cambio estructural e inmediato en la seguridad de la red ferroviaria.
Qué días será la huelga de maquinistas de noviembre
El silencio en los andenes durante la pasada jornada de huelga fue el reflejo de un día especialmente duro para los profesionales del ferrocarril. Desde la comisión ejecutiva de SEMAF han agradecido públicamente a los conductores el compromiso y la entereza demostrados en un momento tan complejo. Para la organización, esta unidad sin fisuras envía un mensaje rotundo que, aseguran, no puede ser ignorado por ningún despacho.
Lejos de dar por terminada la movilización, el sindicato ha fijado los horarios exactos de sus próximas acciones. El martes 10 de noviembre la huelga será total y continua, extendiéndose desde las 00:01 hasta las 23:59 horas. Dos días después, el 12 de noviembre, la protesta adoptará un formato de paros parciales divididos en tres franjas clave para la movilidad: desde las 6:20 a las 9:20, de 14:20 a 17:20, y por la noche, de 21:20 a 23:20 horas.
El mensaje de quienes se sientan cada día a los mandos de los trenes es claro: se niegan a seguir asumiendo las consecuencias de los problemas estructurales de la red. Desde SEMAF advierten que los maquinistas no pueden ser utilizados para «tapar su falta de gestión y de voluntad». Con un tono firme, recuerdan que la integridad de los profesionales y la propia vida de los ciudadanos son líneas rojas con las que, bajo ningún concepto, se puede especular.