A veces, para tocar el cielo en Catalunya no hace falta calzarse las botas de montaña ni cargar con un piolet. A veces, basta con un coche, una moto o, si tus piernas te lo permiten, una bicicleta y muchas ganas de sufrir y disfrutar a partes iguales. En el corazón del Ripollès, serpenteando por el Pirineo de Girona, se esconde una lengua de asfalto que ostenta un título que impone: la carretera asfaltada más alta de toda Catalunya.
Hablamos de la subida a la estación de esquí de Vallter 2000, un puerto de montaña que no es solo una vía de acceso, sino un destino en sí mismo. Esta carretera secundaria, que nace tras dejar atrás el encantador pueblo de Setcases, se eleva con una elegancia vertical hasta alcanzar los 2.020 metros sobre el nivel del mar en la zona del Pla de Vaques. Es el lugar donde el asfalto se rinde ante la inmensidad del circo glaciar de Ulldeter y donde la sensación de «aire fino» se vuelve una realidad palpable.
Un coloso ciclista con sabor a Tour
Para los amantes de las dos ruedas, Vallter 2000 es mucho más que un dato en un mapa, es un lugar de peregrinación. Enmarcado dentro del imaginario de los grandes puertos europeos, este coloso ha sido final de etapa en numerosas ocasiones de la Volta a Catalunya, viendo coronar a los mejores ciclistas del mundo. Su dureza no es ninguna broma: son unos 12 kilómetros de ascenso con pendientes medias que rozan el 8%, pero con picos que te obligan a levantarte del sillín mientras los pulmones buscan el oxígeno que empieza a escasear a medida que superas la barrera de los mil quinientos metros.
Lo que diferencia a esta subida de otros puertos míticos como la Bonaigua es su carácter de «fondo de saco». Aquí la carretera no va a ninguna parte más que al cielo, termina en la propia estación, lo que le confiere un silencio y una paz difíciles de encontrar en otras rutas transpirenaicas más transitadas. Es una experiencia de conducción pura, con curvas de herradura que parecen dibujadas con tiralíneas sobre la ladera de la montaña.
Un balcón al Mediterráneo desde el Pirineo
La recompensa de llegar a la cima no es solo el orgullo de haber conquistado la carretera más alta de casa. Si el día está claro, desde la parte alta de Vallter 2000 se produce un fenómeno mágico: la posibilidad de ver el mar Mediterráneo desde el corazón del Pirineo. Al girar la vista hacia el este, el golfo de Roses se insinúa entre los perfiles de las montañas, recordándote que en Catalunya la distancia entre la nieve y la sal es apenas un suspiro de dos mil metros de desnivel.
El paisaje que rodea el asfalto cambia drásticamente durante el ascenso. De los bosques frondosos que flanquean el cauce del río Ter pasamos a las praderas de alta montaña y, finalmente, al terreno rocoso y desnudo del circo glaciar, donde las cumbres fronterizas con Francia parecen estar al alcance de la mano. Aunque el verano es la época ideal para disfrutar de las vistas sin las restricciones de la nieve, el otoño tiñe el valle de Camprodon de unos colores que hacen que el viaje en coche sea, posiblemente, uno de los más instagrameables de nuestra geografía.
Qué hacer y cómo llegar
En verano, el asfalto es la puerta de entrada al senderismo apto para todos los públicos. Una de las rutas más sencillas y bonitas es la que lleva al nacimiento del río Ter, una caminata corta que permite ver cómo brota el agua que cruza media Catalunya. Para los más aventureros, desde aquí parten ascensiones a picos emblemáticos como el Bastiments o el Gra de Fajol, donde no es raro cruzarse con rebecos o marmotas.
Cuando el invierno tiñe de blanco la carretera, Vallter se transforma en un parque de juegos que va mucho más allá del esquí alpino. Si lo tuyo no es bajar pistas a toda velocidad, la estación cuenta con una de las zonas de trineos más populares de la zona, ideal para soltar adrenalina sin complicaciones técnicas.
Además, la orografía del circo de Ulldeter la convierte en un escenario perfecto para las raquetas de nieve. Existen circuitos señalizados para principiantes que permiten caminar sobre el manto blanco sin hundirse, e incluso se organizan salidas nocturnas bajo la luna llena para ver cómo la luz se refleja en las cumbres nevadas. Es la forma más pausada y mística de disfrutar de la altitud.
Cómo llegar a las nubes desde Barcelona
Llegar a este rincón del Pirineo desde Barcelona es más sencillo de lo que parece, aunque requiere madrugar un poco. En coche, el trayecto suele durar algo más de dos horas. La ruta más habitual es tomar la C-17 dirección Vic y Ripoll, para luego seguir por la C-38 hacia Camprodon y, finalmente, la GIV-5264 que atraviesa Setcases y empieza el ascenso final.
Para quienes prefieran el transporte público, existe la opción del «Skibus» o líneas regulares de la compañía Teisa que conectan Barcelona con Olot o Camprodon, desde donde operan lanzaderas hacia la estación durante la temporada alta. Sea como sea, la subida a Vallter 2000 es una de esas escapadas que te recuerdan que, a veces, el mejor mirador de nuestra tierra está justo al final de una carretera que se empeña en no dejar de subir.