1.143 kilómetros en la misma latitud separan Barcelona y A Pobra do Caramiñal y, sin embargo, ambas localidades están más unidas que lo que la orografía les permite. Hace 200 años, los más de 1.100 kilómetros no fueron un impedimento para que miles de catalanes emigran a esta zona de Galicia situada en la provincia de A Coruña, en la comarca del Barbanza en busca de trabajo.
Entre los siglos XVIII y XIX, miles de catalanes emigraron a la costa gallega y aquí crearon fábricas que transformaron por completo la economía de muchas villas marineras, impulsando y modernizando principalmente la industria de la conserva.
La historia catalana de A Pobra do Caramiñal
De esa fusión de pueblos han llegado hasta nuestros días técnicas como el prensado de la sardina; una manera de conservar durante más tiempo este pescado gracias a la pérdida de grasa, lo que le hacía estar más seca y mejoraba su conservación.
Los barcos que llegaban a puerto los descargaban gallegos y catalanes que se asentaron en lugares cercanos al mar. En Pobra do Caramiñal, hoy hay zonas que se les conoce como el Paseo de los Catalanes, aunque oficialmente es la playa de Osareos o Paseo de Osareos, antes también conocido como el Paseo Marlès en el también llamado Barrio de los Catalanes.
Las casas también tienen nombre propio, como las de Ramiro Villot; o de la familia Barreras, o los Ferrer, que procedían de zonas como Blanes o Lloret de Mar.
Con el desarrollo económico de España y la industria en Cataluña, muchos recorrieron de vuelta los más de 1.000 kilómetros entre ambas provincias. En A Pobra todavía se pueden leer nombres y apellidos catalanes en el cementerio como Santeló, Jalpí, Martí, Jalabert, Villot, Ferrer, Soler…
«Mi abuelo era Ramon Nin Llíria. Vino aquí, se casó aquí, y a mi familia nos llaman “Los de Ramonín”, aunque su nombre era Ramon Nin», explica una vecina de la localidad.
Una historia de ida y vuelta, donde los miles de kilómetros no fueron más que un puente que unió dos culturas vinculadas estrechamente al mar.