Barcelona vive estos días una nueva batalla por el alma de sus barrios, esta vez con el calle de Sant Agustí como epicentro. El fondo de inversión New Amsterdam Developers (NAD) ha marcado en el calendario este miércoles, 25 de marzo, para ejecutar el desahucio de Txema Escorsa.
Se trata del primer inquilino que se enfrenta a la expulsión en una finca, la del Bloc Sant Agustí (calle Sant Agustí, 14) que la empresa pretende convertir en coliving, un modelo de negocio que ha puesto en alerta a todo el vecindario de Gràcia.
La estrategia de la firma pasará por vaciar progresivamente las 11 fincas que adquirió recientemente en la ciudad para trocear las viviendas y construir colivings de precio elevado. Según denuncian el Sindicat de Llogateres y el d’Habitatge de Gràcia, esta fórmula busca esquivar la regulación de precios mediante el alquiler por habitaciones, transformando hogares en productos de alta rentabilidad.
Una «maratón» de resistencia vecinal

Para evitar que Txema, y después el resto de vecinas, tenga que abandonar su casa, el barrio ha organizado un calendario de movilizaciones que recuerda a las grandes resistencias de Casa Orsola. Tras las brigadas informativas de estos días, la agenda para el fin de semana y el inicio de la siguiente vendrá cargada:
- Sábado: Reparto de folletos informativos por los comercios locales.
- Domingo (12:00 h): Taller de pancartas en la Plaça del Sol.
- Martes (19:00 h): Pasacalle desde la Plaça de la Vila que terminará con una velada de resistencia, conciertos y acampada frente al portal para esperar el alba del miércoles.
Los números del ‘coliving’: ¿Negocio o fraude?
El conflicto pone sobre la mesa el impacto real de este modelo de alojamiento. Los datos del Sindicat son reveladores: mientras un piso con precio regulado en la zona rondará los 800 euros, la división por estancias permitirá al fondo ingresar más de 900 euros por cada habitación.
Esta práctica multiplicará por seis la rentabilidad del inmueble, un fenómeno que las entidades vecinales señalan como el principal motor de la expulsión masiva de residentes en las fincas verticales de la ciudad. El objetivo de la movilización será claro: demostrar que, frente a los intereses de los fondos buitre, el tejido vecinal de Gràcia todavía tendrá mucho que decir.