Los vecinos del número 243 de la calle Mallorca, situados en pleno corazón de la Dreta del Eixample, han decidido que su situación no pase desapercibida y han aprovechado la gran maratón del domingo para colgar una pancarta de doce metros de altura con un mensaje claro: «Barcelona para las vecinas. Stop Especulación y Expulsiones».
El edificio, que tiene aires de una «segunda Casa Orsola«, se encuentra en una de las zonas más tensionadas de la ciudad, justo entre la Rambla de Catalunya y el Paseo de Gràcia. El conflicto estalló tras la compra de la finca por parte de sociedades de inversión, un movimiento que ha encendido todas las alarmas entre los inquilinos. Temen que este cambio de manos sea el preludio de un proceso de «vaciado» del edificio para transformar los pisos en viviendas de lujo o alquileres temporales, una práctica que lamentablemente nos suena demasiado en los últimos tiempos.
El «flipping» inmobiliario, la estrategia para echar a los vecinos

Lo que ocurre en Mallorca 243 no es un caso aislado, sino que forma parte de una tendencia que el Sindicat de Llogateres denuncia como «flipping» inmobiliario. Esta estrategia consiste, básicamente, en comprar edificios enteros (a menudo en mal estado o con inquilinos de renta antigua), presionar para que estos abandonen sus casas y revender los inmuebles a precios inflados tras reformas mínimas o, a veces, incluso sin ellas. En este bloque de la Dreta del Eixample, el miedo es real: los vecinos denuncian presiones y la negativa de la nueva propiedad a renovar los contratos de alquiler que van venciendo.
La referencia a la Casa Orsola no es casual. Aquel edificio de la calle Consell de Cent se convirtió en el símbolo de la lucha contra los fondos de inversión en Barcelona, y ahora los habitantes de Mallorca 243 recogen el testigo. De hecho, no están solos en esta batalla; estudios recientes de asociaciones vecinales en la Esquerra de l’Eixample apuntan a que los edificios en manos de fondos de inversión han crecido un 70% en el último año, dejando a cientos de fincas en una situación de vulnerabilidad ante operaciones especulativas.
Un barrio que no quiere ser un escaparate
Mientras los corredores de la Maratón pasaban por delante de la fachada, los vecinos no solo lucían la gran pancarta central, sino que también decoraron sus balcones con carteles que rezan «Mallorca 243 resiste» o «Barrio en liquidación». Con el apoyo del Sindicat de Llogateres, reclaman una negociación colectiva para asegurar que nadie tenga que hacer las maletas por culpa de la subida desenfrenada de precios, que en el Eixample ya supera de media los 5.500 euros por metro cuadrado en venta.
La situación de este bloque es un termómetro de lo que vive Barcelona en 2026: una ciudad que brilla internacionalmente pero que sufre para mantener a sus vecinos de toda la vida. Por ahora, los inquilinos de Mallorca 243 han dejado claro que no piensan moverse sin hacer ruido, recordándonos a todos que, más allá de los récords deportivos y el turismo de lujo, Barcelona sigue siendo, ante todo, un lugar para vivir.