Cualquiera que estuviera en Barcelona aquel 28 de abril de 2025 recordará el caos. No fue solo quedarse sin Netflix o que el semáforo de la esquina dejara de parpadear; fue el silencio repentino de una ciudad que, por un momento, se detuvo en seco. Aquel “cero eléctrico” nos recordó lo vulnerables que somos a la tecnología, especialmente cuando te pilla a mitad de trayecto en la Línea 3, bajo metros de tierra y con la única luz de la linterna del móvil.
Lo que para muchos fue una anécdota de “yo estaba allí”, para Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) se convirtió en un examen de conciencia. Aquel día, una veintena de trenes se quedaron congelados en la oscuridad de los túneles, obligando a casi 3.000 personas a caminar por las vías escoltadas por la policía. Una imagen más propia de una película distópica que de una tarde de martes en el Eixample.
Trenes con autonomía y estaciones inteligentes
Para que no tengamos que volver a practicar el senderismo subterráneo, la compañía ha decidido mover ficha con un plan de choque energético. La idea es tan lógica como necesaria: dotar a la red de una autonomía que hasta ahora no tenía. Según ha explicado Laia Bonet, presidenta de TMB, el objetivo es que el metro deje de ser un rehén de la red eléctrica general cuando esta decida fallar.
La estrategia principal consiste en la instalación de grandes generadores eléctricos distribuidos por la red. Estos equipos no están pensados para mantener el servicio funcionando como si nada, no esperes que el aire acondicionado siga a tope en pleno apagón, pero sí para lo esencial: mover los trenes hasta la estación más cercana. De esta forma, las evacuaciones se realizarán en el andén, con luz y seguridad, evitando el peligro de caminar entre raíles y catenarias.
Pero el plan va más allá de poner “pilas gigantes” en los túneles. TMB ha anunciado que los nuevos convoyes que se compren a partir de ahora vendrán de fábrica con el sistema “última milla”. Se trata de una tecnología de baterías integradas que permite al tren desplazarse de forma autónoma durante una distancia corta, la suficiente para no quedarse vendido a mitad de un trayecto interestación.
Además de mover el metal, estos generadores mantendrán vivos los órganos vitales del suburbano: la megafonía para que no cunda el pánico, las comunicaciones internas, los ascensores para personas con movilidad reducida y la iluminación de emergencia. Es, en definitiva, crear una burbuja de seguridad que aguante el tipo mientras el resto de la ciudad recupera la corriente.
El despliegue empezará este mismo año con un refuerzo crítico en el Centro de Control de Metro de la Sagrera, el cerebro de la red. Sin embargo, para ver el sistema implementado en su totalidad habrá que tener algo de paciencia, ya que se estima que la infraestructura estará lista y a pleno rendimiento de cara a 2028. Hasta entonces, crucemos los dedos para que la red eléctrica general se porte bien.
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