Barcelona es una ciudad de monumentos solemnes, pero también de iconos que se forjaron en el asfalto, entre las luces de los cabarés y el descaro de la calle. Por eso, que el Ayuntamiento de Barcelona haya decidido finalmente colgar una placa en memoria de Carmen de Mairena no es solo un acto administrativo, es un acto de justicia poética para el barrio que la vio convertirse en leyenda.
Tras seis años de insistencia por parte de su entorno más cercano y del activismo LGTBIQ+ de la ciudad, el consistorio ha dado luz verde al reconocimiento. El punto de encuentro no podía ser otro que el número 6 de la calle Sant Ramon, en el Raval, el edificio donde la artista vivió durante décadas y que se convirtió en un lugar de peregrinaje para quienes buscaban un autógrafo o simplemente un saludo de la mujer que hizo de la rima su mejor arma de defensa.
Un domingo de rimas y lentejuelas en Sant Ramon
La cita para el descubrimiento de la placa está marcada en el calendario para este domingo 22 de marzo a las 11:30 h. en el número 6 de la calle Sant Ramon. La fecha tiene una carga emocional importante, ya que coincide con el aniversario de su muerte en 2020, un momento en el que el confinamiento impidió que la ciudad le diera el último adiós que merecía. Ahora, con el cielo abierto del Raval como testigo, el homenaje promete recuperar ese espíritu festivo que ella siempre llevaba por bandera.
El acto no se limitará a los discursos institucionales protocolarios. Tras las palabras del Ayuntamiento y de Adrián Amaya, a las 12h. la fiesta se trasladará a la plaza de la Filmoteca,, donde habrá varios espectáculos y actuaciones musicales para darle un tono festivo al homenaje. Rubén, Desiré y el propio Amaya serán los encargados de poner el broche de oro a una mañana que promete ser tan emocionante como estrambótica.
El legado de la mujer que puso el Raval en el mapa
Más allá de las risas y sus frases virales, Carmen de Mairena fue una figura clave para entender la transformación y la resistencia de Ciutat Vella. Antes de ser el fenómeno televisivo que todos recordamos, fue Miguel de Mairena, un artista de variedades que sufrió la represión y la ley de vagos y maleantes durante el franquismo. Su transición y su posterior éxito la convirtieron en un símbolo de libertad y autenticidad en una época en la que ser diferente se pagaba caro.
Este reconocimiento llega tras una campaña en Change.org que recogió miles de firmas y el apoyo de prácticamente todas las asociaciones LGTBIQ+ de Catalunya, desde la Plataforma Trans hasta el FAGC. Con este gesto, Barcelona no solo recuerda a una vecina querida, sino que oficializa que la historia de la ciudad también se escribe con nombres que, como el de Carmen, prefirieron vivir de cara al barrio antes que de espaldas a la realidad.