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Cómo ir a Francia sin salir de Barcelona

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Cómo ir a Francia sin salir de Barcelona
Te mostramos los mejores planes con esencia francesa dentro de la ciudad condal.

Recién ganado el Mundial y recién celebrado el día de Francia, resulta inevitable echar los ojos unos kilómetros hacia arriba para ver qué pasa.

¡Ah! Francia, país vecino, con todo lo que implica: las envidias de perfil bajo y las pequeñas rencillas (mejor la merlot o la tempranillo, ellos dicen ducha española y nosotros ducha francesa, Napoleón pidiendo permiso para entrar en Portugal…). Lo dicho, pequeños revanchismos, diminutos sentimientos de odio. El caso es que ser vecino también implica ser admirador o fan por lo bajini. Elogiar según qué cosas en una borrachera con una comadre o un compadre gabacho.

Además, la cercanía de Cataluña con Francia no es sólo geográfica: existe una unión sólo entendida en un plano algo más trascendental. Una cercanía ontológica, tal vez. Y eso mismo se ve en Barcelona: una ciudad empapada, infectada (sin sentidos peyorativos) por la cultura francesa. Mires a donde mires hay lugares de inspiración francesa. ¿No te lo crees? Pues sigue leyendo.

1. Ginette

Ginette apenas lleva un año abierto y ya se ha consolidado como uno de los restaurantes de moda barceloneses. No, mejor: se ha consolidado como uno de los must en la ruta gastronómica de quienes tienen el morro fino.

A través de la perfecta unión entre conceptos culinarios franceses, catalanes y españoles, en Ginette consiguen hacer de una simple comida lo siguiente: uno, un acercamiento especial al país vecino y dos, un plan perfecto (sea éste en pareja, con amigos o en familia).

¿Dónde? Carrer del Rec Comtal, 12

Puedes comprar un menú exclusivo en este link.
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2. Takashi Ochia

Aquí aquel cliché de “se nos acaban los adjetivos” es completamente verídico. No hay definición posible para el croissant de matcha de Takashi Ochiai. Hay que ir, probarlo y que te dé absolutamente igual no haber plantado un árbol, ni escrito un libro, ni tenido un hijo. De verdad, esta pastelería mitad japonesa, mitad francesa enamora.

¿Dónde? Carrer Comte d’Urgell, 110.

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3. Les 3 Pommes

Suponemos que crepes se hacen en todas partes del mundo. Están demasiado ricos como para que una cultura prescinda de ellos. Pero todo tiene un origen, y en este caso ese es Francia. Y más concretamente las zonas de la Bretaña y Normandía francesas. Como no vas a moverte mil kilómetros para ir a probar auténtico crepes de allí, te chivamos un truco: puedes comer casi sintiendo el azote del Canal de la Mancha en el 150 del Carrer d’Aragó, en pleno Eixample. Y ya si combinas los crepes (también libres de gluten) con productos franceses como las bebidas o los quesos y patés que sirven casi te convalidan la ciudadanía.

¿Dónde? Carrer d’Aragó, 150

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4. Cinemas Mèlies

Poquitas cosas más francesas que el cine: nacido en Francia y exportado a todo el mundo (con parada de lujo en Estados Unidos). George Mèlies fue el primero en entender, augurar o concebir el potencial del cine como espacio para la fantasía y la narración. Es por él que conocemos el cine como es y es por él que se llaman así estas salas. Referentes desde su origen, los Mèlies hacen en su programación una apuesta formal por el cine europeo y alternativo.

¿Dónde? Carrer de Villarroel, 102.

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5. Free Time la Rambla

En la línea de la apuesta por la cultura como opción para tirar de esnobismo afrancesado, no podemos olvidarnos de la literatura. Realmente cualquiera de las librerías que te comentamos en este artículo sirven para esto, pero Free Time es una librería internacional. Amèlie Nothomb, Houellebecq, Sartre o Leila Slimani son ejemplos de autores recomendables que escriben en francés. Ahora bien, ya es decisión tuya si prefiere leer su traducción o el libro tal y como lo escribieron.

¿Dónde? La Rambla, 114.

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6. Estación de Francia

Una estación terminal (también en la acepción de estar enfrentándose a los últimos días de su vida) que lleva existiendo desde 1929. Si vista es, como poco, impactante. Éste lugar es motivo de visita por el simple hecho de que su nombre bebe del país vecino. Se llama así, por cierto, porque de aquí salía el primer tren que unía (a través de este medio) Francia con España.

¿Dónde? Av. del Marquès de l’Argentera, s/n.

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7. Petanca

Nunca un deporte había estado tan relacionado a jugadores de una edad media tan avanzada. Igualmente, quien lo ha jugado sabe que la diversión del mismo no tiene una relación directamente proporcional con la edad a la que se juega. La petanca, por cierto, nació en Provenza, en el sur de Francia y el nombre hace referencia (en provenzal) a la forma de tirar la bola: pè tancats (pies juntos). Lo dicho, escápate a algún parque (o a alguna playa) a echar una partida y de paso honrar al país vecino.

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