El final de agosto en Barcelona siempre huele a regresos, al lento despertar de las calles a medio gas y al reencuentro ineludible con los andenes de nuestra rutina subterránea. Este año, esa vuelta a la normalidad llega con un alivio bajo el brazo. Tras semanas de obras intensivas durante los días de más calor, los miles de vecinos que a diario cruzan el Eixample o se desplazan entre Sants y L’Hospitalet recuperan por fin el uso completo de sus conexiones de transporte más vitales.
Las máquinas de obra dan paso, al fin, a la reapertura de estos dos puntos neurálgicos, cumpliendo con el calendario previsto. El pasado sábado 29 de agosto, a las cinco de la madrugada, la línea roja (L1) restableció su recorrido habitual entre las estaciones de Florida y Plaça de Sants tras permanecer inactiva desde el 17 de julio.
Apenas dos días después, este mismo lunes 31 de agosto, la estación de Verdaguer de la línea amarilla (L4) vuelve a admitir pasajeros y estrena la esperada renovación de su pasillo interno de conexión con la línea azul (L5).
Vías nuevas y menos vibraciones en la línea roja
Durante las seis semanas que ha durado el corte en la L1, los operarios han renovado cerca de 2,1 kilómetros de trazado, de los cuales 1.580 metros corresponden a la vía general entre Santa Eulàlia y Mercat Nou, y el resto a la zona de cocheras. Esta renovación integral, que ha contado con una inversión de 11,5 millones de euros por parte de TMB, se traducirá en un viaje mucho más suave y silencioso para los usuarios, disminuyendo drásticamente las vibraciones y el riesgo de incidencias.
Uno de los detalles más curiosos de la obra es la instalación de un nuevo sistema de dilatación en el tramo que discurre al aire libre. Este mecanismo funciona como un colchón que absorbe los cambios bruscos de temperatura, evitando que los carriles se deformen bajo el sol abrasador del verano. Además, las obras han servido para modernizar el centenario taller de Santa Eulàlia, mejorando el foso y sustituyendo la catenaria tradicional por una rígida para ganar en seguridad y agilidad.
Durante una visita reciente a los túneles, la presidenta de TMB, Laia Bonet, agradeció la paciencia de la ciudadanía frente a las molestias de los autobuses sustitutorios y destacó que estos trabajos reflejan el compromiso por conseguir una red de transporte «cada vez más fiable y robusta».
Adiós a los trasbordos por la calle en Verdaguer
Por su parte, los usuarios de la L4 y la L5 también están de enhorabuena. Quienes acostumbren a moverse por Verdaguer ya no tendrán que salir a la calle para cambiar de línea, una pequeña odisea que llevaba repitiéndose desde que el pasillo subterráneo cerrara por obras el pasado 13 de octubre. Ese viejo corredor ha eliminado por fin sus antiguas escaleras para sustituirlas por una rampa, facilitando la vida a los viajeros.
La estación de Verdaguer de la línea amarilla, por donde pasaban los trenes sin detenerse desde hace ocho semanas, reabre hoy con andenes más altos, escaleras más anchas y cambios estructurales en su vestíbulo. Es una parada clave que, incluso en los meses de verano, llega a registrar unas 6.500 validaciones diarias en julio y cerca de 4.800 en agosto.
Aunque la estación recupera la vida habitual, los trabajos en la zona no han terminado del todo. Aún continúan las obras civiles, ejecutadas por el Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica de la Generalitat con un presupuesto de 8,6 millones de euros, para perforar los huecos donde irán ubicados los futuros ascensores y escaleras mecánicas que conectarán directamente el vestíbulo con los andenes de la L4, completando así la adaptación total del espacio para personas con movilidad reducida.