El contraste resulta inquietante: en plena ola de calor, con termómetros disparados por encima de los 35 °C, buena parte de Catalunya amanece bajo un cielo grisáceo, casi invernal. No se trata del fenómeno húmedo habitual, sino de una realidad algo más inquietante: es el humo del oeste de la Península que se extiende, lentamente, por encima de Catalunya.
El resultado es una densa bruma que, combinada con la humedad, genera niebla y nubosidad artificial que atenúa la luz solar. En algunas comarcas costeras y prelitorales se ha vivido una sensación extraña: calor sofocante sin rayos de sol, un aire cargado e incluso con olor a humo en algunas zonas.
Los expertos señalan que las partículas en suspensión, cenizas y micropartículas liberadas por el fuego actúan como núcleos de condensación en la atmósfera, favoreciendo la formación de nubes bajas y nieblas. Este fenómeno, lejos de traer un respiro, acentúa la sensación de bochorno, porque el aire caliente queda atrapado cerca del suelo.
Esta capa de humo llega arrastrada por los vientos en altura, que arrastran las cenizas desde Portugal o Galicia en dirección norte, hacia el Reino Unido, para luego desviarla hacia Francia, Catalunya y las Baleares.
El episodio recuerda a lo ocurrido en anteriores olas de calor, cuando las llegadas de polvo sahariano tiñen el cielo de naranja. De hecho, los expertos indican que el humo se suma a cierta concentración de polvo sahariano en suspensión, que aumenta la neblina en los cielos catalanes.
Mientras tanto, Protección Civil recomienda evitar actividades al aire libre en las horas centrales del día, hidratarse con frecuencia y extremar precauciones en los desplazamientos: la visibilidad en carretera se está viendo reducida por la niebla y la calima en varios tramos.
Ahora, con la ola de calor en su tramo final, quedará ver cómo pervive esta nieblo a la caída de temperaturas.