Todos hemos fantaseado alguna vez con dejarlo todo y montar un local coqueto de vinos y quesos. Una especie de refugio bohemio que parezca sacado de un episodio de Fleabag, pero ahorrándonos los gritos y el caos entre fogones de The Bear. Por suerte para nosotros, Julien y Mickael han materializado esa fantasía con Petit Bleu (Carrer d’Entença, 116 bis, Loc 2, Eixample, 08015 Barcelona), ahorrándonos el trabajo duro y permitiéndonos ir únicamente a disfrutar.
El concepto de este espacio rinde culto a la joie de vivre francesa desde la máxima sencillez. Petit Bleu funciona como una quesería artesanal donde el mismo producto que puedes comprar para llevar, te lo sirven allí mismo en tablas estéticamente impecables.
Aquí no hay una cocina compleja que busque estrellas; de hecho, lo único caliente que sale hacia las mesas son unos bocadillos de queso fundido absolutamente espectaculares y chorreantes. Y es que, cuando la materia prima es soberbia, complicarse la vida sobra.
Tu consulta con los «psicólogos» del queso
Sentarse en su minúsculo y acogedor local es como colarse de lleno en una postal parisina. Pero el verdadero encanto de la experiencia reside en el trato. Julien y Mickael, ambos criados en la campiña francesa (la familia de Mickael es, de hecho, productora de leche), no se limitan a servirte: te hacen una consulta.
Ejercen de auténticos «psicólogos del queso», indagando en tus gustos y preferencias para confeccionar una tabla cien por cien a medida de tu paladar. En nuestra visita, la sesión de terapia incluyó un Gouda curado, un fundente Saint Félicien y un Brillat Savarin que no se nos va a olvidar pronto.
Remata la jugada con una selección de vinos corta pero muy bien pensada, una buena ración de rillette y pan crujiente. Cuatro quesos extraordinarios, pan para untar y una copa en la mano son, sin lugar a dudas, la definición exacta de lo que debe ser una cena de fin de semana: un plan sin fallos diseñado puramente para relajarse y olvidar los problemas.