Cualquiera que haya paseado este Sant Jordi por el Eixample o haya intentado dejar el coche aparcado bajo una hilera de árboles habrá notado que Barcelona se ha despertado con un filtro de color sepia.
No es calima sahariana ni un descuido de los servicios de limpieza, es esa alfombra polvorienta que se cuela en los ojos, se pega a la ropa y nos recuerda que la naturaleza, incluso en una metrópolis de asfalto, tiene sus propios ritmos.
¿Qué es el polvo amarillo que ha cubierto Barcleona?
Para entender por qué nuestras aceras parecen sacadas de una película del oeste, hay que mirar hacia arriba. El plátano de sombra (Platanus acerifolia) es, por derecho propio, el rey del arbolado barcelonés, ocupando casi el 25% de la masa arbórea de la ciudad. Aunque hoy lo miremos con recelo, su presencia masiva se debe a una planificación histórica que buscaba árboles resistentes y capaces de generar grandes cúpulas de sombra para combatir el bochorno estival.
Sin embargo, esa misma arquitectura vegetal es la que ahora libera cantidades industriales de granos de polen. Según datos de la Red Aerobiológica de Cataluña (IAC-UAB), Barcelona registra durante estas semanas concentraciones que superan con creces los umbrales de confort. El problema no es solo la cantidad, sino la forma en que este polen se desplaza: su ligereza le permite flotar durante horas, creando esa neblina amarilla que se vuelve especialmente densa en días de sol y viento.
La gran preocupación de este año es la coincidencia temporal con los eventos más señalados del calendario local. Al producirse la polinización entre los meses de marzo y mayo, la Diada de Sant Jordi se sitúa justo en el ojo del huracán. Es la ironía de la primavera barcelonesa: mientras las manos se llenan de libros y rosas, los pulmones de muchos ciudadanos tienen que lidiar con una sustancia que el sistema inmunitario identifica erróneamente como una amenaza.
Esta reacción exagerada es la responsable de las rinitis, los lagrimeos constantes y, en los casos más graves, de cuadros de asma estacional que saturan las consultas de alergología. Los expertos recomiendan, más allá de la medicación habitual, algo tan sencillo como usar gafas de sol para hacer de barrera física o ventilar las casas a primera hora de la mañana, cuando los niveles de polen en suspensión suelen ser ligeramente inferiores antes de que el calor y la actividad urbana los vuelvan a elevar.