Si hace unos años nos dicen que para encontrar una de las mayores acumulaciones de nieve del planeta no hace falta irse a los Alpes suizos o a los picos más remotos de Japón, sino que basta con coger el coche y subir hacia el Pallars Sobirà, posiblemente habríamos revisado el GPS. Pero este invierno de 2026 ha decidido romper todos los esquemas. Port Ainé se ha posicionado oficialmente como la cuarta estación de esquí con más nieve del mundo, una cifra que marea y que sitúa a este complejo del Pirineo de Lleida en el mapa del esquí global de forma histórica.
Actualmente, las cotas altas de la estación presentan un manto blanco que oscila entre los 330 y los 381 centímetros de espesor. Para ponerlo en perspectiva, la estación solo tiene por delante a gigantes como Glacier 3000 en Suiza, que lidera el ranking mundial con máximos de 481 centímetros, y a los complejos japoneses de Niseko y Daisetsuzan Kurodake, famosos por recibir las mayores nevadas del Pacífico. En el contexto nacional, la diferencia es abismal: mientras Port Ainé celebra sus más de tres metros, Baqueira Beret registra unos 170 centímetros y Port del Comte se queda en los 230 centímetros.
Un récord de dos décadas bajo la nieve polvo
Este fenómeno no es fruto de la casualidad, sino de una concatenación de borrascas, con la reciente borrasca Harry a la cabeza, que ha dejado precipitaciones constantes en forma de nieve a cotas relativamente bajas. Los trabajadores de la estación, que estos días redoblan esfuerzos para mantener los remontes operativos y las pistas seguras, aseguran que no se veía una temporada tan generosa desde hace veinte años. La calidad de la nieve es, según los expertos, excepcional, una nieve polvo muy valorada por los esquiadores que, sin embargo, obliga a extremar las precauciones.
Gemma Tost, responsable comercial de Port Ainé, ha recordado que este paraíso blanco conlleva ciertos retos logísticos. El acceso desde núcleos como Rialp o Roni requiere el uso obligatorio de cadenas o neumáticos especiales ya desde los 600 metros de altitud, debido a la presencia constante de hielo y nieve en la calzada. Además, el peso del manto nival ha provocado la caída de algunos árboles en las vías de acceso, un síntoma claro de la contundencia de este invierno.
A pesar de las dificultades operativas que pueden causar cierres puntuales por riesgo de aludes, la estación se mantiene como el destino predilecto para quienes buscan vivir un invierno de postal. Con las previsiones meteorológicas indicando que las nevadas continuarán durante los próximos días, es muy probable que Port Ainé siga escalando posiciones y, quién sabe, si terminará la temporada mirando de tú a tú al podio mundial.
Cómo llegar desde Barcelona a este paraíso blanco
Para los que ya estén buscando las gafas de ventisca, el trayecto desde Barcelona suele rondar las tres horas y media de coche. La ruta más habitual pasa por la A-2 hasta Cervera, para luego tomar la C-13 en dirección a Balaguer y Tremp hasta llegar a Sort. Si prefieres evitar el coche, existe la opción de combinar el tren hasta Lleida y el autobús de línea (ALSA) que conecta con Esterri d’Àneu, haciendo parada cerca de la estación, aunque el viaje se alarga por encima de las cinco horas. Sea como sea, con más de tres metros de nieve esperando, el viaje parece más que justificado.
A pesar de las dificultades operativas que pueden causar cierres puntuales por riesgo de aludes, la estación se mantiene como el destino predilecto para quienes buscan vivir un invierno de postal. Con las previsiones meteorológicas indicando que las nevadas continuarán durante los próximos días, es muy probable que Port Ainé siga escalando posiciones y, quién sabe, si terminará la temporada mirando de tú a tú al podio mundial.