Cualquiera que haya vivido las noches de Barcelona durante las últimas décadas sabe que la plaza Reial tiene un pulso propio. Pasear bajo sus pórticos es caminar por la historia viva de la noche catalana y también, por desgracia, por un ejemplo galopante de turistificación. Cuando a principios de este año se anunció que una de sus salas más legendarias bajaba la persiana, muchos dimos por sentado que otro pedazo de nuestra memoria colectiva se perdía para siempre bajo el peso de los nuevos tiempos y el implacable cambio de ciclo de Ciutat Vella. Las despedidas se han vuelto trágicamente comunes en el ocio de nuestra ciudad, pero, de vez en cuando, la historia da un giro inesperado y nos regala una segunda oportunidad.
Esa segunda oportunidad tiene nombre propio y es el de la discoteca Karma. Apenas siete meses después de aquel adiós que parecía definitivo, el icónico establecimiento ha vuelto a encender sus luces. La salvación ha llegado literalmente desde la puerta de al lado, ya que han sido los propietarios del Rei de Copes, el clásico bar colindante, quienes han adquirido el traspaso para evitar que este santuario musical cayera en el olvido. Desde el pasado diez de octubre, el local vuelve a recibir a esa generación que se resiste a dejar de bailar, enfocándose en un público que ronda entre los treinta y los cincuenta años y que, en muchos casos, ya guarda recuerdos imborrables entre sus paredes.
Nueva banda sonora para la fiebre diurna
El regreso no es una simple repetición del pasado, sino una adaptación inteligente a los nuevos ritmos sociales de Barcelona. La exigente franja de la madrugada cede parte de su protagonismo al fenómeno del tardeo, una tendencia que ha conquistado por completo a los barceloneses y que permite disfrutar de las copas y la pista de baile sin tener que hipotecar el día siguiente. Las sesiones actuales se celebran los sábados por la tarde y corren a cargo de El Magnífico Club, que traslada su exitosa fórmula de indie y pop-rock desde el paseo Picasso hasta las entrañas del Gótico. A esta nueva etapa se le suma además una importante renovación técnica, con un sonido notablemente mejorado y un nuevo sistema de climatización, manteniendo intacta la esencia canalla del espacio.
Los planes para este templo que abrió originalmente en 1978 y que sirvió de refugio para figuras como Gato Pérez, Jaume Sisa o Pau Riba no se detienen en la programación actual. La intención de la nueva dirección es consolidar el proyecto abriendo también los domingos e incorporar la música en directo y las fiestas temáticas de cara al próximo mes de febrero, apostando firmemente por el talento de proximidad. En una plaza Reial que recientemente sufrió también la pérdida de la antigua sala Sidecar, la resurrección del Karma supone una victoria moral para la ciudad. Es la confirmación de que la auténtica resistencia barcelonesa se sigue ejerciendo en la pista de baile.