Hay un rincón en la memoria de muchos barceloneses donde pasear por La Rambla y adentrarse bajo la cubierta de La Boqueria significaba comprar los ingredientes de la cena, elegir la mejor fruta fresca y charlar con el tendero de confianza. Para recuperar esa esencia de barrio y frenar la deriva hacia una atracción puramente turística, el Ayuntamiento de Barcelona y el Instituto Municipal de Mercados han puesto en marcha una transformación integral. El plan busca devolverle al espacio su carácter original de mercado alimentario de proximidad, reduciendo drásticamente la oferta de raciones listas para consumir y abordando una reforma física que modernizará el recinto sin que este tenga que bajar la persiana.
La revolución en los mostradores y en los pasillos comenzará a notarse muy pronto. A la vuelta del verano arrancarán las primeras obras para mejorar la iluminación y los baños públicos, mientras que el nuevo reglamento comercial, respaldado por la Asociación de Vendedores, llegará al pleno municipal a finales de año para que sus efectos sean visibles el próximo verano. Con una inversión de 12 millones de euros, el proyecto culminará entre 2027 y 2029 con los trabajos más complejos en la estructura del histórico mercado, marcando un antes y un después en la forma en que la ciudad se relaciona con su despensa más famosa.
El fin de la avalancha de comida para llevar
Quien haya paseado por el mercado recientemente habrá notado que ya no se trata solo de esquivar los vasos de fruta cortada. Las paradas se han ido llenando de raciones de paella, patatas bravas, pollo frito, pitas e incluso bandejas de churros con chocolate. Para revertir esta situación, la nueva normativa impondrá un equilibrio claro: cada puesto deberá destinar un 50% al producto tradicional y fresco, y el otro 50% al producto elaborado.
Esta regla se aplicará a todos los sectores, desde la pescadería hasta la fruta, pasando por la carne o las legumbres. Màxim López, gerente del Instituto de Mercados, ha explicado que el objetivo es mantener una «mixtura, doble actividad: producto de fresco y de proximidad, pero también elaborado que cualquier mercado ofrece para los vecinos». La norma será estricta con aquellos puestos enfocados únicamente en la comida para llevar, exigiéndoles que ofrezcan productos propios de su especialidad.
Recuperar el orgullo local
El objetivo de fondo no es otro que hacer las paces con el ciudadano local. Raquel Gil, teniente de alcalde, ha subrayado que la voluntad es «cambiar el relato y la concepción que la ciudad tiene de La Boqueria, y que los discursos negativos se conviertan en positivos». Este giro de timón cuenta con el visto bueno de quienes dan vida al mercado a diario, ya que la normativa recibió un 90% de apoyo por parte de los comerciantes durante el pasado verano.
Más allá de lo que se vende, el envoltorio también necesita cuidados. Las primeras intervenciones tras las vacaciones se centrarán en la zona logística y en los nuevos lavabos públicos, además de comenzar a dibujar el proyecto para renovar la famosa «isla del pescado».
El grueso de la rehabilitación, sin embargo, se hará esperar un poco más. Entre 2027 y 2029 se llevarán a cabo las tareas más delicadas, como la retirada y sustitución de la histórica cubierta de Uralita, así como la consolidación de toda la estructura del mercado. En esta última etapa también se le lavará la cara al acceso que da a la plaza de la Gardunya, una entrada que el Ayuntamiento considera vital por ser la que más utilizan los vecinos del barrio. Y para tranquilidad de compradores y vendedores, los responsables han garantizado que los trabajos se organizarán de tal manera que el mercado nunca cerrará por completo.