Barcelona es una ciudad que nunca se detiene, especialmente cuando se trata de sus plazas. Todos conocemos ese rincón en el cruce de las calles de Aragó, Marina y Lepant, justo bajo la Sagrada Familia que, hasta ahora, parecía más un lugar de paso rápido que un punto de encuentro real. Sin embargo, la plaza de Pablo Neruda ha comenzado oficialmente su transformación. El Ayuntamiento ha encendido los motores para renovar este espacio del Eixample con un objetivo claro: que los vecinos, desde los más pequeños hasta los más veteranos, vuelvan a sentir la plaza como suya en una zona donde la presión turística a veces no deja espacio para el barrio.
La reforma no es solo una cuestión de estética, sino de necesidad. El proyecto nace para solucionar las deficiencias que el tiempo y el uso han ido acumulando. La famosa pista de patinaje central, que actualmente se encuentra hundida y aislada del resto del entorno, dejará paso a una configuración mucho más abierta y amable. Con una inversión de dos millones de euros, las obras se integran en el Plan de Acción del Espacio de Gran Afluencia de la Sagrada Família, una estrategia municipal que busca aliviar la convivencia entre visitantes y residentes devolviendo metros cuadrados a la comunidad.
Un nuevo circuito de patinaje y más verde para el vecindario
El gran cambio llegará con la instalación de un circuito de pump track, un recorrido diseñado con desniveles y saltos pensado para el disfrute de patines, patinetes y bicicletas. No será solo un imán para el público infantil y los grupos escolares de la zona; el proyecto también contempla la creación de áreas de entrenamiento deportivo y juegos lúdicos como un rocódromo, una pizarra gigante y mesas de ping-pong. Se trata de ofrecer alternativas de ocio activo que hasta ahora brillaban por su ausencia en este punto del barrio.
Pero no todo será movimiento. La accesibilidad y el confort son pilares fundamentales de este nuevo diseño que se espera esté listo para el primer trimestre de 2027. Se reforzará la vegetación para crear más zonas de sombra y se instalarán elementos tan prácticos como enchufes eléctricos públicos, pensados para facilitar la organización de fiestas vecinales y eventos comunitarios. Al final, lo que se busca es que el asfalto dé paso a la socialización, convirtiendo este “cruce complicado” en un refugio urbano mucho más seguro y transitable.