Barcelona vuelve a situarse en el mapa de la vanguardia médica mundial y, esta vez, con una historia que mezcla ciencia ficción, ética y una generosidad difícil de procesar. El Hospital Vall d’Hebron ha anunciado con éxito el primer trasplante de cara del mundo donde el tejido procede de una donante que solicitó la prestación de ayuda para morir (eutanasia).
La protagonista de esta nueva vida es Carme, una mujer que vio cómo su realidad se oscurecía tras una infección bacteriana masiva. Lo que empezó como un problema de salud derivó en una necrosis que le arrebató la nariz, le impidió abrir la boca para comer y, lo más doloroso, le robó las ganas de salir a la calle. Tras cuatro meses de la intervención, Carme ya puede tomarse un café y, sobre todo, respirar sin miedo.
Un rayo de luz entre la técnica y la generosidad
Aunque en el mundo se han realizado poco más de 50 trasplantes de este tipo (y Vall d’Hebron ya es veterano en esto, habiendo realizado el primero total en 2010), el caso de Carme es único por su origen. La donante no solo decidió donar sus órganos, sino que especificó su deseo de ceder su rostro para que alguien más pudiera recuperar la expresividad.
Esta particularidad permitió algo inaudito en la medicina de urgencia: la planificación. Al conocerse de antemano la voluntad de la donante, el equipo liderado por el Dr. Joan-Pere Barret, jefe de Cirugía Plástica y Quemados, pudo trabajar mano a mano con ingenieros. Utilizaron software de planificación 3D para diseñar guías personalizadas que encajaran a la perfección las estructuras óseas y nerviosas entre ambas mujeres.
En la operación participó un ejército de 100 profesionales. No es para menos: no se trata de «poner una máscara», sino de conectar vasos sanguíneos y nervios de menos de un milímetro de diámetro para que la cara tenga sensibilidad y movimiento. Como dice el equipo médico, un rostro que no siente no es un rostro, es una estatua.
Más allá del quirófano: la identidad en juego
A diferencia de un trasplante de riñón o de corazón, el de cara toca la fibra de quiénes somos. Por eso, el proceso no termina cuando se cierran los puntos. Carme ha contado con un apoyo constante de psiquiatría y psicología, fundamental para asimilar una nueva imagen frente al espejo.
El éxito de Vall d’Hebron no solo es técnico, España sigue siendo líder mundial en donaciones gracias a un sistema que permite hitos como este. Según datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), el país encadena décadas a la cabeza de la solidaridad orgánica, lo que permite que casos de extrema complejidad, como el de Carme, pasen de ser un sueño a una realidad en los pasillos de un hospital público.
Hoy Carme dice que ya no le importa salir a la calle. Ha recuperado la capacidad de hablar y de sentir el tacto en su piel. En un año, espera estar «fantástica», pero por ahora, el simple gesto de beber un café en una terraza de Barcelona ya sabe a victoria absoluta.