Si tenías la sensación de que según donde ibas hay más turistas que locales, no estás equivocada. Según datos difundidos por la ACN (Agència Catalana de Notícies) más de 90 municipios catalanes tienen ya más camas para turistas que para vecinos. Es decir hay días en los que, literalmente, hay más turistas que vecinos durmiendo y paseando por el municipio.
Desde los pueblos marineros de la Costa Brava hasta los valles de alta montaña en el Pirineo, el mapa de la presión turística empieza a teñirse de rojo. Hay casos extremos como Sant Pere Pescador o Espot, donde las camas turísticas multiplican por seis el número de habitantes, o como Naut Aran, que con menos de 2.000 vecinos tiene más de 1.300 licencias turísticas activas.
Municipios con seis veces más pisos turísticos que vivienda normal

La situación no es aislada. Salou, Lloret de Mar, Cambrils, Platja d’Aro, Tossa de Mar o L’Ametlla de Mar figuran en la lista. También pueblos pequeños como Arnes, Àger o Prullans han visto cómo el modelo turístico crece muy por encima de sus posibilidades residenciales
Hay 776.76 plazas turísticas registradas en Catalunya, incluyendo hoteles, campings, apartamentos y viviendas de uso turístico, repartidos de forma desigual en Catalunya, ya que las zonas donde más se concentran los municipios con un balance desigual de vivienda turística está en la Costa Brava, Costa Daurada y Pirineo.
Los casos más paradigmáticos son Sant Pere Pescador, donde las plazas turísticas multiplican por seis a los habitantes, Salou, el segundo municipio con más oferta turística de Cataluña, con más alojamientos que habitantes o Espot, en el Pirineo, donde las plazas turísticas también multiplican por seis el número de habitantes.
En general, los municipios más afectados por la presión turística en Catalunya están entre varias localidades costeras y de montaña donde las plazas turísticas superan con creces a la población residente. Aparte de los mencionados, Castellar del Riu, que registra más de mil plazas para apenas 160 personas. En el Val d’Aran, Naut Aran suma más de 1.300 licencias turísticas pese a no llegar a los 2.000 vecinos, mientras que en La Vall de Boí la oferta turística casi dobla la población.
Un crecimiento ¿sin límite?
La Generalitat ha empezado a poner límites: obliga a renovar las licencias de pisos turísticos cada cinco años y ha permitido a los ayuntamientos establecer topes en función de su situación. Pero lo cierto es que esto no frena de por sí la tendencia, ya que se trata de un modelo económico que se basa, principalmente, en el turismo.
Barcelona no está en la lista (aún), pero sí está en el centro del debate. La suspensión de nuevas licencias de pisos turísticos en la capital podría ser el espejo en el que se miren otras localidades. El futuro turístico de Catalunya, y el de sus pueblos, se juega en cómo se gestione esta presión creciente.
