Cuando ya habíamos desempolvado las chaquetas de entretiempo y el ambiente empezaba a pedir castañas asadas por los barrios de Barcelona, la atmósfera ha decidido darnos un giro inesperado. Una masa de aire cálido ha irrumpido en la ciudad, frenando en seco el fresco de las últimas semanas para regalarnos unas jornadas que invitan más a pasear cerca del mar que a resguardarse del viento otoñal.
Los barceloneses notarán este drástico aumento en los termómetros, que subirán hasta siete grados, con especial intensidad de cara a este miércoles. El responsable de este repentino cambio es una potente dorsal africana que se ha instalado sobre nosotros, bloqueando la llegada de frentes fríos y atrapando un aire cálido que nos dejará mediodías inusualmente soleados y calurosos para esta época del año.
Rozando los 25 grados en pleno otoño
Durante las horas centrales del día, la ciudad dejará atrás fácilmente la marca de los veinte grados. De hecho, la previsión apunta a que las máximas oscilarán de forma general entre los 22 y los 24 grados. El calor se hará aún más evidente en zonas del prelitoral o en aquellos puntos de la urbe que escapan a la brisa marina, donde el mercurio podría llegar a rozar los 25 °C.
Sin embargo, las noches nos seguirán recordando en qué estación vivimos. La falta de horas de luz solar permitirá que las madrugadas y las primeras horas de la mañana se mantengan relativamente frescas, con temperaturas mínimas que se moverán entre los 15 y los 17 grados.
El escudo que frena las lluvias
A nivel meteorológico, lo que estamos viviendo es el efecto de un robusto escudo de altas presiones ubicado sobre la península ibérica. Esta barrera invisible frena en seco cualquier borrasca atlántica o entrada de aire gélido desde el norte de Europa. Como contrapartida, actúa como un imán para el aire cálido proveniente del norte de África, que se estanca sobre nuestras calles calentando la superficie.
Curiosamente, este episodio no coincide con ninguno de los periodos de bonanza otoñal tradicionales. Ni es el veranillo de San Miguel, ni el de San Martín, ni tampoco el de San Lucas. Se trata, puramente, de una gran configuración atmosférica que está abrazando a buena parte del sur de Europa.
Un calor con los días contados
Aunque la falta de lluvias y los cielos despejados parece que nos acompañarán al menos hasta la segunda semana de noviembre, este calor desubicado no durará tanto. El pico se vivirá el miércoles, y a partir del jueves comenzaremos a notar un descenso de las temperaturas de entre dos y tres grados en apenas 24 horas, devolviéndonos poco a poco a la normalidad térmica.
Mirando un poco más allá, hacia mediados de noviembre, los mapas meteorológicos empiezan a insinuar posibles cambios en el Mediterráneo. Aún es muy prematuro para confirmar si esa inestabilidad se traducirá en una DANA o en algún otro fenómeno local de lluvias, por lo que tocará seguir mirando al cielo y a las previsiones durante los próximos días.