Hay fronteras en las ciudades que parecen destinadas a ser solo lugares de paso, avenidas dominadas por el tráfico donde nadie se detiene a pasear. La entrada a Barcelona por la Diagonal ha sido durante décadas uno de esos ruidosos umbrales de asfalto. Sin embargo, ese límite difuso en el que se abrazan la capital, L’Hospitalet y Esplugues está a las puertas de una metamorfosis que no solo cambiará el paisaje, sino la forma en la que los vecinos vivirán y respirarán esta zona de la metrópolis.
Este miércoles se ha dado un paso decisivo al validarse el avance del plan urbanístico que convertirá cerca de 70 hectáreas en el flamante Campus de Salut Clínic-UB. Cuando el proyecto alcance su meta en 2035, el actual nudo de carreteras cederá terreno a más de un millar de nuevas viviendas, enormes áreas verdes interconectadas y centros de investigación de vanguardia, conformando lo que en la práctica será un nuevo pedazo de ciudad.
Una «ciudad médica» que busca arquitecto
Las dimensiones de la futura transformación son de las que marcan época. «Proyectos como el del Clínic pasan una vez cada 100 años», ha resumido el conseller de Presidència, Albert Dalmau. En la misma línea, el teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, ha destacado que esta alianza institucional «mejora la estructura académica y de investigación de la ciudad y crea diversificación económica».
En total, el espacio estrictamente dedicado al campus sanitario y educativo crecerá respecto a los planes iniciales, pasando de 10 a 12,7 hectáreas. Para hacerse una idea: ocupará una superficie equivalente a 18 campos de fútbol. Para diseñar este gigante, en las próximas semanas se convocará un concurso internacional de arquitectura abierto a propuestas de todo el mundo.
Del conjunto del planeamiento, el 63 % del techo construido se reservará para usos sanitarios, docentes y de investigación, mientras que un 23 % acogerá actividad económica vinculada a la salud. Los equipamientos de proximidad para los vecinos ocuparán un 4 % y el 10 % restante se destinará a uso residencial.
Pisos asequibles y tres grandes pulmones verdes
Esa reserva residencial se traducirá en la construcción de 1.125 pisos, repartidos entre L’Hospitalet (que acogerá 800) y Barcelona (325). Con el objetivo de facilitar el acceso vecinal, se prevé que la mitad de estas viviendas sean de protección oficial y asequibles.
Para que este nuevo entorno respire, el asfalto dejará paso a tres grandes parques que estarán unidos entre sí, creando corredores amables para pasear: se prolongará la actual Rambla de Finestrelles, nacerá una nueva zona verde en la carretera de Collblanc y se ampliará el espacio de Can Rigal.
La L3 del metro crece y la universidad fija su rumbo
Mover a miles de estudiantes, sanitarios y nuevos vecinos obligará a replantear el transporte. Por ello, el proyecto incluye racionalizar el siempre complicado nudo viario donde se cruzan la Diagonal y la ronda de Dalt. La gran novedad bajo tierra será la ampliación de la línea 3 del metro, que sumará dos nuevas estaciones a la red: Nou Hospital Clínic/Sant Joan de Déu y Esplugues Centre.
El mapa educativo también tiene ya sus coordenadas exactas. La nueva Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la UB se construirá en Esplugues de Llobregat (calle de Sant Mateu). Será un edificio que ampliará en un 30 % la capacidad actual, dando cabida a unos 3.000 estudiantes. Con un presupuesto de unos 152 millones de euros, las obras de la facultad arrancarán a finales de 2029 para estrenarse en el curso 2032-2033.
El plan maestro que guiará todos estos cambios espera su aprobación inicial para el primer semestre de 2027 y la definitiva a principios de 2028. A partir de ahí, la cuenta atrás estará en marcha para que el gran campus y su nuevo barrio enciendan las luces por completo en 2035.