Hay rincones en Cataluña donde el tiempo parece haberse detenido, lugares donde los árboles custodian secretos de piedra y pizarra. En plena comarca gerundense de La Selva, con el majestuoso macizo del Montseny como telón de fondo, se esconde una de esas rarezas que rara vez ven la luz pública. Se trata de un imponente castillo modernista del siglo XIX que acaba de salir al mercado inmobiliario por 3,25 millones de euros, desmarcándose como una de las fincas patrimoniales más singulares que se pueden encontrar hoy en día en nuestro territorio.
Ubicada en las inmediaciones de Sant Hilari Sacalm, la propiedad busca un nuevo dueño a través de la agencia Lucas Fox y el portal Idealista. Levantada en 1894 bajo la batuta del célebre arquitecto Enric Sagnier, la finca experimentó una meticulosa restauración entre 2014 y 2018 para, un año después, abrir sus puertas como espacio exclusivo de bodas y celebraciones. Ahora, esta enorme residencia, que ostenta la máxima distinción como Bien Cultural de Interés Nacional, aguarda una nueva vida rodeada de naturaleza.
Un ‘château’ con acento catalán

Quien se acerque a sus dominios notará rápidamente la inconfundible firma de su creador. Sagnier, el mismo arquitecto que trazó las líneas del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón del Tibidabo, la Casa Arnús o el Palau de Justícia, dotó a esta obra de un espíritu ecléctico. Su diseño bebe directamente de la elegancia de los castillos franceses, luciendo unos característicos tejados de pizarra y una torre circular que domina todo el paisaje.
El conjunto histórico lo remata una pequeña capilla adosada. Este espacio espiritual está presidido por una escultura de bronce de un Sagrado Corazón, un guiño evidente que evoca de forma irremediable a la famosa silueta que corona la montaña del Tibidabo en Barcelona.
Más de 1.900 metros de historia y naturaleza
Traspasar las puertas del castillo es adentrarse en unas dimensiones que imponen. La construcción suma 1.966 metros cuadrados distribuidos en 19 habitaciones y 17 baños, espacio más que suficiente para perderse. No faltan los grandes salones señoriales, un comedor al calor de la chimenea, una cocina industrial y una espectacular sala de música a doble altura. Todo ello se completa con una zona independiente destinada al guarda de la finca.
El exterior no se queda atrás. La propiedad descansa sobre más de 15,5 hectáreas de terreno que incluyen bosques frondosos, jardines protegidos y una enorme piscina al aire libre. Gracias al cuidado trabajo de rehabilitación que le devolvió su antiguo esplendor, el anuncio sugiere que la finca no solo es ideal como residencia privada, sino que reúne todas las condiciones para transformarse en un hotel de máximo lujo al estilo Relais & Châteaux o en un tranquilo retiro natural con vistas abiertas al parque de Les Guilleries.