El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es, sin duda, la obra cumbre de Antoni Gaudí y el símbolo más inconfundible de Barcelona. Es una caja de secretos, simbolismos religiosos y maravillas arquitectónicas, pero también esconde, según parece, una historia menos mística y mucho más mundana: un fallo de cálculo gordo, de esos que duelen. Un error de replanteo que resultó en la asimetría de los campanarios de la fachada del Nacimiento, y que a Gaudí, sencillamente, le dio igual.
Esta curiosa anécdota, que le quita hierro a la imagen del arquitecto (y a la iglesia) como un ser infalible, la ha señalado en un hilo el tuitero Efemèrides d’Arquitectura (@efemarq), y explica que se conoce gracias a las memorias de uno de sus colaboradores más cercanos y uno de los grandes personajes de la historia cultural reciente de Barcelona: el dibujante y pintor catalán Ricard Opisso.
El misterio de las distancias diferentes

La fachada del Nacimiento, la primera que se terminó, está coronada por cuatro campanarios. Si uno se fija bien, los dos campanarios del lado izquierdo están más juntos entre sí que los dos del lado derecho. Una sutil, pero innegable, asimetría.
Durante mucho tiempo se especuló sobre si esta irregularidad respondía a algún tipo de mensaje teológico o a un simbolismo oculto propio de la complejidad de la obra. Sin embargo, Opisso disipó las dudas en sus notas biográficas. La causa de la disparidad de distancias no es otra que una «mera cagada», un error técnico de libro: un fallo en el replanteo. El replanteo es el proceso de plasmar a escala real sobre el suelo lo que está dibujado en el plano, y fue ahí, en ese momento crucial, donde el maestro de obras cometió el error con las distancias.
Lo más sorprendente de esta historia no es el fallo en sí, sino la reacción del propio Gaudí al detectarlo. Según relató Opisso, el arquitecto catalán mostró una indiferencia mayúscula, un desinterés que a muchos les resultaría incomprensible. El dibujante recordaba a Gaudí como un hombre mercurial, de carácter singular, con esa «mirada de ojos azules, penetrante y aterradora» que le hizo dibujar un retrato que él mismo consideró el más auténtico.
La clave de su indiferencia se encuentra en un diálogo que presenció Opisso, donde el arquitecto Antoni Maria Gallissà le preguntó a Gaudí por el motivo de las separaciones desiguales entre los campanarios. La respuesta del genio fue rotunda: «al fin y al cabo no tenía ninguna importancia, dado que esta irregularidad de distancias también se observa en el mismo Partenón, donde las separaciones entre columna y columna no son nunca iguales.»
De hecho, dado que la fachada del Nacimiento no era simétrica, la Fachada de la Pasión, construida posteriormente, tuvo que seguir el mismo patrón asimétrico para mantener la lógica estructural y la unidad del transepto. La gran pregunta ahora es qué sucederá con la Fachada de la Gloria, la principal, que según su estructura parece apuntar a la simetría.
¿Quién era Opisso, el ayudante que ha desvelado el error?
Opisso, nacido en 1880, entró a trabajar con Gaudí cuando apenas tenía 12 años y fue testigo privilegiado de su vida y de la evolución de la obra hasta 1904. Sus testimonios son hoy una fuente clave para entender la personalidad y el modus operandi del maestro.
Su vida estuvo siempre ligada al arte y la ilustración, fue mucho más que el ayudante de Gaudí en los andamios. Como ilustrador, dejó un vasto legado en la prensa de la época, trabajando en publicaciones como L’Esquella de la Torratxa, La Campana de Gràcia o la mítica revista humorística madrileña Blanco y Negro.
Su obra está marcada por el costumbrismo, el humor y un trazo elegante, convirtiéndose en un cronista visual del ambiente bohemio de Barcelona, especialmente de la época de Els Quatre Gats. Sus memorias, que nos permiten acercarnos al Gaudí más humano y menos divinizado, son un tesoro para entender un fragmento crucial de la historia de la ciudad.