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Fan Shoronpo o la posibilidad de enamorarse de un plato

Estoy tentado de consultar el código civil español para saber si te puedes casar con un producto gastronómico.

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Fan Shoronpo o la posibilidad de enamorarse de un plato

Podría decir que no tengo palabras para definir lo que es la experiencia Fan-Shoronpo, pero eso me convertiría en un farsante: soy periodista y (a veces) me pagan por ponerle palabras a mis sensaciones.

De ahí, entonces, que se entienda (o no) que vaya a ser un poco hiperbólico en la definición de lo que supuso nuestra cena en este restaurante japonés: estoy tentado de consultar el código civil español para saber si te puedes casar con un producto gastronómico; tengo ganas de comprarme un colchón hinchable para quedarme a vivir en Fan Shoronpo; me gustaría encontrar alguna forma de hacer posible que el sabor del shoronpo de trufa permanezca en mi boca de por vida; quiero crear una religión –tipo pastafarismo– que venere la carta de Fan Shoronpo.

Shoronpo de cerdo y trufa
Acto de comer el shoronpo

Ahora bien, qué es un shoronpo y por qué esta palabra monovocálica da nombre al restaurante. Un shoronpo, para quienes no son muy duchos en gastronomía oriental, se puede definir como una empanadilla rellena de caldo. Comerla tiene su ciencia. Es, como en el caso del calçot, un ritual. El shoronpo se coloca sobre una cuchara, se pincha, el caldo se derrama, se bebe, se coge el shoronpo ya vacío de caldo, se moja en una salsa, se come y se roza una experiencia extática.

Ramen
Pollo frío con salsa de sésamo

Los shoronpo dan nombre al restaurante y son, inequívocamente, el producto estrella del lugar. Aunque producto estrella –en este caso– no significa producto único. El ramen. El ramen, que compite con el de Ramen Ya Hiro, es pura ambrosía. De hecho, a 15 de agosto y habida cuenta de que se sirve caliente, el personal ni siquiera se plantea pedir otra cosa.

Fan Shoronpo, es curioso esto, es un restaurante humilde –si es que se le puede endosar tal adjetivo a un restaurante–. Lo digo porque no se recrea en una decoración ampulosa y espléndida y viene a refrendar la máxima esta de que no hay que juzgar a un libro por su portada. Lo digo porque no se puede ir a Fan Shoronpo y no salir siendo fan de sus shoronpos.

Gastronomía