Tiene asociación de vecinos, buzón de Correos y Consejo de Barrio, pero su nombre no figura en la lista oficial de los 73 barrios de Barcelona. La Font del Gos, un asentamiento situado en la falda de Collserola, justo por encima de la Ronda de Dalt, sobrevive como un barrio fantasma dentro de la ciudad. Aunque por ubicación geográfica debería integrarse en el distrito de Horta-Guinardó, la realidad es que a nivel administrativo la zona no está reconocida como tal.
Los vecinos denuncian que viven en una zona completamente olvidada por la administración pública. La principal barrera en su día a día es la movilidad, ya que ninguna línea de autobús pasa por sus calles. Los residentes se ven obligados a subir a pie por cuestas de gran pendiente para llegar a sus casas, una barrera arquitectónica que afecta especialmente a la población más mayor del vecindario. La falta de infraestructuras se extiende a todos los ámbitos esenciales de la zona. La Font del Gos no dispone de centro de atención primaria (CAP), comisaría de policía, iglesia ni colegio. El edificio que hace años albergaba la escuela funciona ahora únicamente como el centro social del vecindario.
Setenta años a la espera de reconocimiento
El origen de esta situación radica en el vacío legal del entorno urbano. Los representantes vecinales explican que, si bien las casas están legalizadas a título individual, el área en su conjunto no cuenta con la catalogación urbanística de barrio. Esta anomalía se prolonga desde hace unos 70 u 80 años. La principal reivindicación de los residentes es que el consistorio legalice definitivamente la zona para poder arreglar y acondicionar sus viviendas con las garantías necesarias. El malestar es palpable entre los habitantes, quienes aseguran abonar todos sus impuestos municipales pero sienten que, a cambio, el retorno en forma de servicios e inversiones públicas es nulo.
A pesar de las carencias institucionales, la comunidad mantiene una fuerte cohesión interna frente al aislamiento. Los cerca de 200 vecinos que residen en la zona suplen la ausencia de apoyo municipal organizándose por su cuenta para celebrar su propia fiesta mayor. Utilizan las instalaciones exteriores del centro social para montar el servicio de bar, instalar mesas y preparar la comida ellos mismos para mantener vivas las tradiciones del vecindario.
Esta vida comunitaria y el entorno aislado son los principales motivos que retienen a la población. Frente a la opción de marcharse a zonas con mejores conexiones, los residentes se niegan de forma rotunda a abandonar sus casas. Defienden que el estilo de vida y la tranquilidad absoluta que encuentran en las calles de La Font del Gos compensan las dificultades diarias y no se pueden encontrar en ningún otro punto de Barcelona.