Barcelona es una ciudad que respira, crece y se reinventa tejiendo su futuro sobre la memoria de quienes se atrevieron a imaginarla en el pasado. Ahora La Sagrera, la infraestructura que está llamada a definir la forma de movernos durante la próxima década quiere abrazar esa herencia para no ser únicamente un nudo de vías y andenes, sino un reflejo vivo de la identidad local.
Con este propósito, se ha propuesto formalmente al Gobierno de España que el nuevo recinto ferroviario sea bautizado como «Barcelona La Sagrera – Pasqual Maragall». El objetivo de la iniciativa es que la estación reconozca la figura de quien fue el gran impulsor de la transformación metropolitana, rindiendo homenaje a su visión de una ciudad cohesionada, ambiciosa y conectada con Europa.
Un motor para el Besòs y para la economía
El proyecto de La Sagrera es considerado el cambio urbano más importante que vivirá Barcelona en la próxima década. Su desarrollo está pensado como un motor de transformación directa para el entorno del Besòs y para toda la capital, abriendo un nuevo polo de actividad económica y de generación de lugares de trabajo.
En clave de movilidad, las instalaciones no solo funcionarán como el gran conector central entre las redes de Metro y Rodalies, sino que se consolidarán como la gran puerta de entrada y salida ferroviaria hacia Europa.
La llegada de la estación traerá consigo un rediseño completo del espacio público. Las obras dejarán a su paso 36 hectáreas de naturaleza, lo que supondrá la creación del parque urbano más grande de toda Barcelona.
Junto al pulmón verde, el proyecto también aborda la necesidad de arraigo vecinal. El entorno de la estación integrará más de 11.300 nuevas viviendas, de las cuales prácticamente la mitad contarán con protección oficial, una medida diseñada para garantizar el derecho de los vecinos a poder seguir viviendo en sus propios barrios.